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martes, 11 de noviembre de 2014

9-N


Ayer, 9 de noviembre de 2014, se produjo un hito en la historia de la democracia española, el gobierno de Cataluña llevó a cabo una consulta popular de carácter no vinculante sobre si dicha Comunidad Autónoma debería seguir formando parte de España o por el contrario debería iniciar el camino hacia la independencia. El resultado tiene dos visiones, por un lado, la del porcentaje de votantes; y por otro lado, la del resultado del escrutinio; y ambos nos ofrecen datos interesantes, a los cuales habría que hacer referencia, evitando quedarnos solo en uno con el fin de justificar nuestras ideologías o posiciones ante la opinión pública.
En relación al porcentaje de votantes, es evidente que la participación no es alta, más bien baja, pues apenas se sitúa ligeramente por encima del 33% del censo estimado, al cual recordemos se añadieron los menores de 18, hasta los 16 años. Esto a todas luces supone un fracaso para aquellos que aspiraban a lograr una participación masiva. Sin embargo, al tratarse de una consulta sin una base legal que le diera solidez y proyección en el futuro, podría ser valorado como un éxito, pues no se ha dejado de movilizar a más de dos millones de personas en una acto que se sabía no tendría otras repercusiones más allá de las simbólicas.
Por otro lado están los porcentajes de votos, o lo resultados. Estos sin inapelables, el 80,76% de los votantes de la consulta han votado "sí" a la solicitud de independencia catalana, esto supone aproximadamente un millón ochocientos mil catalanes que quieren que esa Comunidad Autónoma inicie un proceso de independencia. Estos datos, obviamente, sobre seis millones de catalanes que tenían derecho al voto, no son decisivos, porque ignoramos la voluntad de todas estas personas que no se acercaron a votar, pero son casi dos millones de personas a las que no se les puede ni se les debe ignorar, porque han manifestado un estado de descontento con la situación actual. En este sentido, vuelvo a mencionar que existe más un 65% de la población catalana que no se han manifestado, lo cual no sabemos si fue porque no les interesaba, porque no querían participar de esta consulta o al carecer la misma de una base legal, no les suponía interesante participar y por lo tanto no sabemos hasta qué grado son extrapolables los datos obtenidos a el resto de los potenciales votantes que no votaron.
Pero, repitiendo mi razonamiento anterior, existen casi dos millones de personas a las que no se les puede ni se les debe ignorar, porque han manifestado un estado de descontento con la situación actual y esto nos debe llevar a reflexionar sobre cómo se ha podido llegar a esta situación y qué posibles soluciones hay.
Los actuales movimientos nacionalistas y su prolongación independentista tienen su origen en una España diferente a la actual, en una España que perdía su influencia internacional, sin inercia propia y lo que es peor, sin un proyecto a desarrollar que la identificara. Estos males se han ido prolongando a lo largo de la Historia hasta nuestros días, pasando a través de distintas formas de gobernanza, gobierno y organización estatal y/o territorial. Llegando a nuestros días, en los cuales, a pesar de los pesares, aún parece que quedan demasiadas alcobas por abrir y faltan gobernantes con agallas y voluntad de hacerlo y por supuesto, falta crear un modelo y proyecto de país moderno a la vez que propio, en el cuál todos podamos creer, que nos impulse y nos dé un lugar en el mapa mundial. En vez de eso, esta clase mezquina de gobernantes nos ha otorgado un país de pandereta, donde todavía los sectores más rancios tienen mucho poder y mucha capacidad de influir, esta misma clase política, que se han dedicado a reventar todo el litoral para construir casa con que llenarse los bolsillos, la misma clase política que desprestigiado y deshecho todo el sector público, la misma clase política que ha desmantelado todo el tejido industrial y tecnológico del país y donde por supuesto, tener una idea o un proyecto, por mucho que se empeñen a través de Leyes Orgánicas es más que inviables debido a todos los buitres que están prestos a depredar, y por supuesto la misma clase política que gobierna no para todos los ciudadanos, sino solo para una parte de ellos, trincando por el camino todo lo que pueda.
En este ambiente surgen los nacionalismos, prometiendo un proyecto esperanzador a sus ciudadanos, y se ven catapultados gracias a esta crisis, que como todas las crisis es agua para que germinen todo tipo de populismos. Estos nacionalismos lo vieron claro ¿qué ofrece España? Nada. Porque esa es la realidad, España no ofrece nada, se burla de las diferencias y particularidades de algunos que se sienten orgullosos de una forma de ser y vivir diferente, ni mejor ni peor, diferente. Entonces ¿Por qué seguir juntos? Se exprime el malestar ciudadano, generando un sentimiento de agravio para un beneficio propio, exaltando una identidad diferenciadora, sacando símbolos, manipulando historia y presente, y hablando siempre de diferencias, nunca de todo aquello en lo que nos parecemos, que a mi juicio es mucho más de lo que nos separa, entre lo mucho que nos une, por supuesto, la clase política que antes mencioné, porque aquí no queda ningún salvador de la patria, ya sea esta española o catalana.
Ante estos movimientos, desde la triste y gris España ¿qué se hace? El desprecio, la ignorancia y lo más grave, juegan con la misma carta de los símbolos vacíos y las frases hechas, se refugian en leyes negándose a todo diálogo y negociación, dándole más alas a los que no quieren formar parte de un proyecto común. Porque esta es la idea final, la de que todos formamos parte de un proyecto común del cual todos debemos tirar juntos, porque la suma nos hace más fuertes, pero si no hay una apuesta por un proyecto común, si no hay una idea clara de que no se puede combatir al fuego con el fuego, de que no se les dice a los catalanes que queremos que sigan con nosotros en vez de alejarlos cada vez más, porque somos los mismo, mal que les pese a algunos, esta realidad diferenciadora siempre existirá y por lo tanto viviremos ante el mismo problema una y otra vez, dejándoselo como herencia a las futuras generaciones.
            A título personal, yo siempre lo he tenido bien claro, abogo por la eliminación o merma de las diferencias entre las personas y uno de los elementos que genera más diferencias son las barreras políticas, por lo tanto no comparto la idea de independencia, sin embargo, si entiendo y respeto el deseo de un pueblo de ser consultado sobre su presente y su futuro, a eso se le llama democracia, Aunque dicha consulta no puede ser llevada a cabo desde la ilegalidad, porque a eso se llama golpe de estado, hay que llegar a un acuerdo de consulta. Y a estas alturas, enarbolar banderas, hablar de imposiciones o pecar de victimismo, no es ético, ni serio y ni mucho menos responsable, por lo que pido a los políticos, de ambas partes y de todos los partidos, que sean capaces de crear un proyecto común en el cuál nos sintamos todos cómodos y esperanzados para el futuro y eso solo se consigue mediante el dialogo. Las diferencias que existen hoy y que existirán mañana no son una realidad  del ciudadano, son un hecho del que los gobernantes son y serán responsables directos por sus palabras y sus actos y si eso va a ser su legado, nos sobran.

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