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jueves, 9 de mayo de 2013

Liberalismo Vs. Socialismo


Cuando mencionaba en la anterior entrada que en España “ya no quedan ni las políticas económicas clásicas, aquellas con las que se construyeron los cimientos del siglo XX” hacía referencia al socialismo  o comunismo y al capitalismo o liberalismo, como guste a cada uno llamar, las cuales han estado presenten en la base de toda teoría económica desarrollada a lo largo del siglo pasado y del presente.

¿Porque hago esta afirmación? Sencillo. Simplificando mucho el asunto, que uno tampoco es un doctor en economía, y saltándonos la propaganda de la Guerra Fría, el capitalismo o liberalismo desde los tiempos de Adam Smith, se basa en el libre mercado, eliminando la intervención de los estados, la reducción del sistema público y una bajada de impuestos para que entidades y empresas privadas, a la par que las familias dispongan de más capital para invertir y/o gastar. En otras palabras, se crea una economía puramente de mercado, donde, según los teóricos se rige por unas leyes que tienden a autorregular al susodicho mercado.

Por otro lado, las políticas socialistas conllevan una subida de impuestos, lo que permite disponer al estado de más dinero para invertir en el sector público, el cual se ve reforzado, permitiendo llegar a más personas y en mejores condiciones, aunque en su contra esto trae consigo una merma de capital disponible por parte de empresas, entidades y familias para realizar distintas actividades económicas, lo cual merma sus capacidades de actuación, unido todo esto a una mayor intervención por parte de los estados en los mercados.

Partiendo de esta base, cada uno se posicionará, si no lo ha hecho ya, en el lado que crea más conveniente para sus intereses y los intereses del colectivo social al que pertenece.

Pero en España, este debate ha desaparecido. España es un país que está siendo gobernada por un partido de tendencias liberales que se dedica a desmantelar el sector público, en la mayoría de los casos, no de manera liberal precisamente, sino favoreciendo a personas cercanas a dicho partido; a la vez que se suben las impuestos, lo que debilita el poder adquisitivo y capacidad de gasto a las empresas, entidades y familias.

Por otro lado, tenemos dentro de este partido a personajes liberales, véase Esperanza Aguirre, fiel seguidora de los ideólogos de la Escuela de Chicago y sus hijos más famosos, Ronald Reagan y Margaret Thatcher, abogando por un desmantelamiento del sistema público, mientras hace mención a los fracasos de los distintos sistemas comunistas, pero que omite de los fracasos de los sistemas liberales, entre los cuales está el hecho de habernos llevado a la situación en la que nos encontramos ahora mismo.

A su vez, tenemos un partido socialista que presumía en otras épocas que bajar impuestos era una política de izquierdas para sobre salto de todo los espectadores. Porque aunque podríamos entender que una política de izquierdas es hacer que los que más tienen paguen más que los que menos tienen, no fue esto lo que se dijo. Y por supuesto, en algunos casos, llevan a cabo un intervencionismo, más basado en los intereses personales que en las necesidades y demandas sociales. Todo un esperpento.

Por lo tanto, tenemos un partido liberal, que no respeta las leyes de mercado, pero que a la vez es intervencionista a base de impuestos y de reparto de los bienes del mismo, mientras que tenemos un partido socialista, más bien poco social. Todo un popurrí made in Spain, que a lo que único que debilita no es a las ideologías, sino a la democracia, llevándola al fracaso de manera estrepitosa y si la democracia fracasa, solo nos quedarán los abismo de la dictadura o la anarquía

Y es que, obviamente  las personas nos son robots, las personas están dominadas por sus pasiones, sus miedos y sus emociones, por lo que es imposible pensar que las personas que gobiernan dentro de regímenes comunistas, y que supuestamente son las encargadas de repartir las riquezas, o las miserias como decía Churchill, se comporten de manera ejemplar y no acaben por repartirlas de manera desigual, favoreciéndose a ellos mismo, cuando no, o a la vez, a personas cercanas.

Aunque estos mismos principios son aplicables al liberalismo. Pensar que los mercados se autorregulan, es una utopía, pues detrás de estos omnipresentes a la par que abstractos mercados hay también personas, las cuales, se hayan dominadas por parecidas pasiones, miedos y emociones que tienen las de regímenes comunistas, personas que juegan sus cartas en función de sus intereses personales y no de un colectivo popular, pero al que afecta a su vez dichas decisiones.

Por todo esto, si no somos capaces de desarrollar un liberalismo social o un socialismo liberado que no repriman la economía a la vez que atiendan las demandas y necesidades sociales dentro de un sistema democrático sólido, volveremos a cometer los mismos que se han cometido a lo largo del Siglo XX, volveremos a ver dictaduras injustas y crisis económicas que, en ambos casos, llevarán a la ruina cuando no a la muerte a muchas personas, en su mayoría inocentes, por su desconocimiento de todo lo que les rodea, salvo de su existencia y la de sus allegados.

Aunque también puede ser que este debate en España no tenga calado, porque nuestro verdadero problema no sea el modelo económico, sino el modelo democrático.

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