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martes, 23 de enero de 2018

Régimen del 78

Hoy en día, algunos políticos y líderes de distintos movimientos mencionan al Régimen del 78 como el origen de los males que acucian a la realidad política de España. Dicho apelativo hace referencia al proceso de transición de la dictadura franquista a la consolidación de la democracia actual y que, por el camino dio como resultado la aprobación y ratificación de la Constitución Española de 1978, garante de nuestros derechos y libertades, la cual se ha convertido en una especie de comodín para todos aquellos que consideran que dicha transición no fue tal y que dio como resultado una democracia que no buscaba otra cosa sino perpetuar los poderes ya establecidos durante la dictadura, sin olvidar a los otros, los que llevan muchos años citando la constitución como si fuera el comodín de la llamada para que nada cambie en este país.

Sinceramente, tales afirmaciones me producen, cuando menos cierta controversia. Es cierto que la transición distó mucho de ser perfecta y por consiguiente la democracia española que de ella surgió, también. Sin embargo, me niego a cargar las culpas a unas personas que en medio de un clima de tensión en el que se desarrolló dicho proceso, recordemos que algunos perdieron la vida en ese periodo, quisieron darnos unas libertades de las que antes no gozábamos, es más, considero que hicieron un trabajo bastante aceptable.

Para mí el problema no radicó ahí, para mí, la democracia española se enquistó a partir de ahí y por lo tanto, el problema surgió después de la ratificación de la constitución. Tras haberse consolidado la democracia en España, el país requería una serie de reformas institucionales que por distintos motivos no fueron llevadas a cabo, lo cual da pie a la afirmación de continuidad de algunas formas y poderes en el tránsito de la dictadura a la democracia. De esto son directa e indirectamente responsables los dos partidos que se fueron alternando en el poder y sus contrarios en la oposición que vieron en la reforma constitución una forma de hacer campaña electoral permanente, de la manera más ruin e interesada.

Llegados aquí, cabe recordar, sobre todo para los sectores más conservadores de nuestra política, que la constitución no es un texto sacro ni inmutable, es modificable, lo cual se concreta en su propio contenido, por lo tanto, negar la posibilidad de modificarla en pro de una mejora del país no es sino un acto de necedad, cobardía o interés; y es más que evidente que debe ser revisada y modificada, aunque sólo sea para corregir algunos aspectos como la discriminación de la mujer respecto al hombre a la hora de acceder a la corona o ajustarla a los tiempos que corren en relación a las actuales tecnologías, pensemos que la Constitución Española ya tiene 40 años desde su aprobación y como mínimo está obsoleta en estos aspectos. Aunque quedarnos aquí no sería sino una torpeza, pues lo que realmente hace falta es un ajuste general ante la cantidad de conflictos que han ido apareciendo a lo largo de su existencia como la dudosa separación de poderes, la inutilidad del senado o el estado de la autonomías; y esto no quiere decir que debamos romperla y hacer otra nueva, sino ajustarla a las necesidades de la sociedad actual, intentando consolidar las libertades individuales, la democracia colectiva y la convivencia pacífica.

Pero a la vez que podemos modificarla, también debemos tener presente que la constitución no es el final de la legislación, sino el comienzo, y por lo tanto, si no hay un entramado legal que desarrolle la constitución no sirve de nada. En este sentido, aspectos como el derecho al trabajo o a una vivienda digna, no se encuentran legislativamente desarrollados, por lo que los artículos que los contienen, quedan muy bonitos en el texto constitutivo, pero al no tener desarrollo legal, carecen de utilidad práctica en la vida de los ciudadanos. Algo parecido pasa con el artículo en que se indica que la riqueza del país tiene que estar subordinada al interés general, algo que es más que razonable para el sostenimiento de un país, pero que parece no materializarse, pues la riqueza de este país más bien parece subordinad al interés privado, no hay más que ver lo que ha pasado con los rescates a la banca o a las autopistas, o los innumerables casos de corrupción, donde se demuestra a quién sirve la riqueza del país.

Retomando la expresión del Régimen del 78, no puedo más que pensar que todos aquellos que la usan me parece que están haciendo un brindis al sol, un eslogan, por no decir un acto de hipocresía. Nuestra democracia no nació perfecta y dista mucho de serla, y también comprendo y apoyo la necesidad de estudiar nuestra historia con la crítica necesaria como un punto de partida para mejorar la democracia y resarcir los errores del pasado, pero esto no sirve de nada si no podemos mirar al futuro, que es hacia donde nos dirigimos. Pero ojo, también pienso lo mismo de aquellos que no ven la necesidad de revisar el texto constitucional y desarrollarlo, así como de alabar ciegamente su elaboración en un momento donde las libertades estaban en entredicho, ocultando las miserias de una historia colectiva y de muchas historias personales. Conozcamos la Historia, como un medio de conocimiento, reconocimiento, reparación, y como un punto de partida desde el que construir un presente y futuro mejor.

Aunque todo esto no tiene utilidad si no tenemos claro que la constitución tiene como fin último el de servir a los ciudadanos, y esto se consigue, no sólo con una reforma constitucional, sino con un impulso de los valores democráticos, el desarrollo de un pensamiento crítico y favorecimiento de la participación ciudadana en la vida política, o como decía Thomas Jefferson: “El precio de la libertad es la eterna vigilancia”, vigilar nuestra democracia. 

sábado, 16 de diciembre de 2017

Pisoteando la Historia

Resultado de imagen de rajoyLo podrán disimular de mil maneras diferentes, con una mala mentira, con una sonrisa carcomida, con una facha hormigonada; tras una sección de deportes, tras un nuevo escándalo de corrupción o tras banderas de tan pocos colores; pero la verdad siempre se mostró muy tozuda y quiso ser la estrella de todas las actuaciones. Viene hoy a mi mente esta comparsa de mal disimuladas verdades, la verdad innegable que supone la relación despreciativa y hasta agresiva de los actuales dirigentes de España con la cultura, la educación y la historia del país al que dirigen.

La enésima muestra de esto, fue la visita de la semana pasada del presidente del Gobierno de España, M. Rajoy, al Reino Unido, donde, emulando a Fernando VII en Bayona, hizo gala de su ferviente actitud servil ante dirigentes extranjeros y se arrastró ante Theresa May, llegando a afirmar que Reino Unido era la cuna del parlamentarismo y del Estado de derecho. Ahí es nada. En un segundo, el presidente de todos los españoles se acaba de pasar por el arco del triunfo la Historia de España y la declaración de la Unesco de 2013 para endulzarle lo oídos a su homónima británica.

Antes de continuar, quisiera recordar que en el año 2013, dicha institución de las Naciones Unidas declaró que la Carta Magna leonesa de 1188 bajo el reinado de Alfonso IX, en la que se relata la celebración de una Curia Regia, suponen el “conjunto de documentos que contienen la información escrita más antigua conocida sobre el sistema parlamentario europeo” y que, “reflejan un modelo de gobierno y de administración original en el marco de las instituciones españolas medievales, en las que la plebe participa por primera vez, tomando decisiones del más alto nivel, junto con el rey, la iglesia y la nobleza, a través de representantes elegidos de pueblos y ciudades”. Resumiendo, que el parlamentarismo no nació en el Reino Unido, como afirmó el jefe del ejecutivo, sino en León.
Bandera

Ante esta patada histórica a León y a los leoneses ¿Cuáles fueron las reacciones por parte de las instituciones leonesas y del pueblo? Me encantaría decir que fue una respuesta airada en pro de la defensa de su propia historia y cultura, a la vez que una dura reprimenda contra el jefe del ejecutivo por su incultura y servilismo ante dirigentes extranjeros. Pero no, no puedo decir esto muy a mi pesar.

Por una parte, las instituciones leonesas, encabezadas por el alcalde de León, D. Antonio Silván Rodríguez, no sólo no reprimieron dicha metedura de pata, sino que para que Rajoy no se sintiera mal consigo mismo, le invitaron a visitar León. Sí señor, puedes pisotear nuestra Historia las veces que quieras, que a nosotros nos importa un carajo y ven a comer y beber bien, las veces que quieras. ¿Por qué? Porque al señor Silván, que por cierto, es compañero de partido en el Ayuntamiento de León del primo de Rajoy, D. Agustín Rajoy Feijoó, al igual que a su gran líder supremo, le importa un carajo la Historia de León. Además, si el líder se muestra servil, no van a ser sus acólitos menos en servidumbre, así que todos a hincar rodillas. Llegados aquí dejo dos preguntas ¿Cuál hubiera sido la reacción de estas instituciones si estas mismas palabras hubieran salido de un dirigente político de otro partido? ¿Piensa la Junta de Castilla y León hacer algo al respector, salvo acompañar a Rajoy en su visita a León? Ahí las dejo.

Por otro lado, la reacción de la ciudadanía de León. Pues tengo que decir que tibia, tirando a fría. Por parte de algunos dirigentes de otros partidos rivales al Partido Popular, conjuntamente con asociaciones como el Colectivo Ciudadanos del Reino de León afearon la afirmación de Rajoy ante Theresa May. Pero ahí queda todo, no se han visto grandes manifestaciones contra el pisoteo presidencial hacia la Historia leonesa, efusivos manifiestos populares contra el agravio, ni siquiera he asistido a agrias protestas en los bares por el atropello sufrido, nada. En parte, porque el manifiesto de la Unesco, pasó sin pena ni gloria por nuestras vidas y muchos, al oír hablar de eso, no saben ni de lo que se les está hablando, ahí hay que volver a mirar hacia nuestras instituciones políticas, cuya nefasta campaña, caló poco en la sociedad leonesa, y nada en la española. Pero en parte también, porque la ignorancia hacia la cultura y la historia por parte de los distintos ejecutivos que rigen nuestros destinos, es compartida por muchos ciudadanos. Puede que levante ampollas decirlo, pero es una realidad, por eso se permite que se desprecie nuestra historia, cultura y patrimonio, y por eso, les seguimos eligiendo, porque somos un pueblo hecho para ser pisoteado.

Puede que un día León fuera un reino noble, donde nació el parlamentarismo, en el cual se sustentan las democracias modernas. Pero hoy no lo es. Y como decía al principio, la verdad es tozuda y siempre se empeña en salir y lo hará, y la verdad que hay detrás de ignorar la Historia y despreciar la Cultura es la pérdida de valores y volver a cometer los mismos errores.

jueves, 30 de noviembre de 2017

León es una ciudad sucia


En ocasiones pienso que habría que cambiar la bandera de León, quitar el león rampante ungulado y sustituirlo por un cerdo, o gocho, como se dice por estos lares. Lo cual no respondería a la calidad de los diversos productos de origen porcino que se fabrican en la misma y en toda la región, si no al estado tan sucio en la que se encuentra dicha ciudad, porque ya va siendo hora que alguien lo diga: León es una ciudad sucia.

Puede que a algunos les choque esta afirmación, pero a los hechos me remito. Soy de los que se desplaza por la ciudad más andando que en cualquier otro medio de transporte y me sorprende a la vez que me duele cómo está León y la actitud tan despreocupada con la que sus habitantes actúan. Paso delante de un supermercado de El Ejido y veo como al salir un joven de él, lo primero que hace es tirar el tique al suelo. Atravieso la Plaza de la Regla y observo cómo varias personas arrojan botellas al suelo de manera despreocupada. Recorro la Calle de las Cercas y me encuentro basura bolsas y comida junto a las murallas. Paseo por el Polígono X y una mujer camina despreocupada junto a su perro, después de que este haya dejado sus excrementos en el suelo y ella no los haya recogido. Y así un largo etcétera de actos de incivismo de los cuales soy testigo cada día, en esta nuestra ciudad, cuna del parlamentarismo.

A veces uno está tentado de decir algo a estos cerdos, porque cabe otro calificativo, pero consciente de las consecuencias, la mayoría de las veces me callo, puesto que intuyo las respuestas estúpidas o las reacciones exaltadas de quien carece de argumentario para justificar estas actuaciones. De todas las respuestas, la que más me gusta y la más estúpida de todas, es la de: “Hay que dar trabajo a los barrenderos”. Ante la cual se me aturullan respuestas en la cabeza, desde la irónica: “te pensarás que la concesionaria de limpieza va a contratar a más personas y perder beneficios” o "¿con la ley de reposición actual? ¿en serio?; hasta la brutal: “¿por qué no te partes los dientes para dar trabajo a los dentistas?”; pasando por la razonada: “¿no será mejor gastar dinero en sanidad y educación?” Todas inútiles ante la falta de sensibilidad y seso de estos marranos.

Puede que alguno, al leer esta entrada, se pudiera sentir ofendido por las opiniones que en ella vierto y me dirá: “no todos los ciudadanos de León somos así”. Y no les falta razón ninguna, no todos los ciudadanos de León son así, y seguramente podríamos hablar de un déficit del servicio de limpieza del Ayuntamiento, bien sea por mala planificación o falta de medios humanos y/o materiales; tampoco estaría de más mencionar la dejadez de la policía municipal a la hora de llamar la atención o sancionar estas actuaciones; incluso podríamos hacer referencia a campañas de concienciación para el mantenimiento y el cuidado. Pero qué quieren que les diga, nada de esto haría falta mencionarlo si cada ciudadano cumpliera con su deber de respetar lo que es de todos, la ciudad, porque en ella convivimos todos, nos guste más o nos guste menos.

Por mi parte, no quiero desaprovechar la ocasión de traer a colación un tema que yo considero de vital importancia. Hace tiempo que sostengo que el ecologismo debería ser la única ideología transversal a todas las demás. Y estos hechos no hacen más que reafirmarme en la idea de que vivimos en una ausencia total de conciencia sobre lo que está pasando en el planeta. Tirar desperdicios a la calle no supone sólo ensuciar la ciudad, no al menos cuando la mayoría de estos desperdicios son material reciclable y que al no ser depositados en los lugares adecuados para su reciclaje, no hacemos otra cosa que contribuir en el deterioro de La Tierra. Volviendo a lo que decía antes, en la ciudad vivimos todos juntos, nos guste más o menos, pero en el peor de los cases, si una ciudad no nos gusta, podemos hacer nuestras maletas e irnos a otra, pero este planeta es de todos y hasta la fecha no podemos ir a otro.


Ahora mismo, algunos estarán pensando que yerro en mi percepción de León, que esta milenaria urbe siempre ha sido muy limpia; pero me temo que esta visión, como tantas otras, sólo son un reflejo de un pasado mejor que ya ha desaparecido. León ha pasado a ser parte de una historia que sólo ocupa titulares, carente de contenido social y reconocimiento ciudadano. Y puede que hasta bien visto, de cara a ser Capital de la Gastronomía 2018 esta nueva bandera no sea tan mal idea, promocionaremos los productos porcinos, propios de esta tierra a la vez que seremos la primera ciudad en reconocer esos nobles animales y las personas formamos parte de la misma piara.

Pd.: En esta entrada hablo de León, España, no de León, México, ciudad de la que no me atrevería a hablar porque nunca he estado.

Pd. 2: Con el fin de demostrar la afirmación de que León es una ciudad sucia, en el siguiente enlace iré subiendo fotos donde se podrá comprobar. 

lunes, 27 de noviembre de 2017

Mal llamada prensa deportiva

No quisiera parecer un hipócrita y ponerme a lanzar peroratas en contra del fútbol, los futbolistas y la mercadotecnia que existe en torno a este deporte, así que lo diré claramente: me gusta el fútbol. Es más, sigo el fútbol, y lo sigo más que otros deportes, como me imagino hace la mayoría social de los españoles, debido principalmente a su presencia en casi todos los ámbitos de la vida de este país y del planeta entero, y es que no el balde se le denomina como el deporte Rey.


Aun así, el tiempo, la curiosidad y el hecho de que era y sigo siendo un paquete jugando al fútbol, me han llevado a conocer en profundidad otros deportes y a sentir interés por dichos deportes. Es más, disfruto más practicando otras disciplinas como el baloncesto, el balonmano o el bádminton, antes que el fútbol. Y aunque no las siga con el mismo interés, fidelidad e intensidad que el fútbol, también demando información sobre las mismas y otras. Es por esto que, en ocasiones, leer, ver y oír las noticias deportivas me supone un auténtico sufrimiento.

Y es que llevo sosteniendo que, hoy en día existe en España una prensa mal entendida o mal denominada como prensa deportiva. Seguramente este fenómeno no sea exclusivo de España, pero voy a hablar de España porque es lo que me atañe y lo que conozco. Y aquí no hablo de aquellos espacios que tienen una finalidad exclusivamente futbolística o a otro deporte en concreto, sino de aquellos medios, programas o periodistas que se califican de prensa deportiva cuando en realidad no lo son y que sí se podrían calificar de otras maneras.

En primer lugar cabría la posibilidad de calificar a buena parte de la prensa deportiva como prensa futbolística. La razón es más que evidente, si analizamos los distintos medios, una gran cantidad de su tiempo lo dedican a comentar aspectos relacionados con el fútbol y casi nada al resto de deportes. Esta comparativa se mantiene casi invariable indistintamente del medio, salvo que acontezca algún hecho relevante en otro deporte como que Rafael Nadal gane un Grand Slam, o se esté desarrollando una competición de difusión mundial como podría ser el caso de unas olimpiadas. Por esto, luego pasa lo que pasa, y hay gente que piensa que, salvo el fútbol, el resto de deportes son de fácil comprensión, asimilación y desarrollo, cuando a veces es justamente al revés.

En segundo lugar, esta prensa futbolística, peca también de ser una prensa machista. Ante tamaña afirmación, alguno pondrá el grito en el cielo, pero yo pregunto ¿cuánto tiempo dedican los medios de comunicación al fútbol masculino respecto al fútbol femenino? Esta comparación no se sostiene. Es más les planteo un reto que yo tuve la oportunidad de poner el práctica; entren en una clase de primaria y pregunten a los alumnos allí presente cuántos saben quién es el campeón de la liga masculina de fútbol y cuántos saben quién de la liga femenina. Si el aula de primaria no les pilla mano, les invito a que vayan a cualquier otro sitio, el resultado creo que va no va a cambiar mucho, y buena parte de la responsabilidad de este resultado es una causa directa de la prensa.

En tercer lugar, la prensa futbolística, es una prensa superficial o prensa amarilla. Llegados a este punto, reconozco que en este calificativo no caen todos los periodistas, ni todos los programas, ni todos los medios, pero… ¿Por qué sostengo esto? Muy sencillo. Existe una ingente e innecesaria cantidad de periodistas y de tiempo dentro de los espacios deportivos, dedicados a hablar de todo menos de deporte, ni siquiera de fútbol. Pueden hablar de si un jugador se cabreó por el cambio, si el público le pitó, si fulano se enfadó con futano, si este dijo esto o aquellos, si va a tener otro hijo, lo ha dejado con su pareja, la celebración o no celebración de turno, el último peinado de pepito, etc. pueden hablar de todo esto y más, y lo hacen, pero en todos estos elementos no hay ni un solo análisis deportivo ni futbolístico, sólo y exclusivamente, chismorreo y cotilleo, elementos que luego, casualmente son las cosas que uno oye en los bares al “entrenador” de turno.

En cuarto y último lugar, la mal llamada prensa deportiva en España se podría calificar como prensa institucionalista. Este calificativo se lo atribuyo por una razón más que evidente, si atendemos a cualquier espacio de noticias deportivas, la mayor parte de su tiempo lo dedican a hablar de los dos grandes equipos españoles, el Real Madrid y el Barcelona, dos equipos que se relacionan con las instituciones de Madrid y Barcelona respectivamente. Puedo entender que son los equipos más fuertes de España y que por lo tanto requieran más tiempo mediático, pero ante esto sólo dos apreciaciones:
1.    Estos dos equipos no juegan solos, juegan con otros equipos que merecen el mismo respeto y dedicación que ellos, y sin los cuales, ellos no serían tan importantes.
2.    No es de recibo que se analicen cuestiones superficiales de estos equipos antes y con más profundidad, que elementos más significativas del resto de equipos.

Puede que está siendo muy duro en algunos de los calificativos que he expuesto, también puede que tenga una visión sesgada del periodismo, y puede incluso que no entienda las dinámicas del periodismo deportivo y de la sociedad actual. Y seguramente si este escrito cayese a manos de un periodista me dijera que sólo se dedican a transmitir información; si lo leyera un editor, se defendería diciendo que ellos sólo ofrecen lo que la sociedad demanda; y si un grupo editorial tuviera que decir algo al respecto, apoyados por las empresas que los sostienen (bien sea porque son accionistas, publicistas o ambas a la vez de dichos grupos), expondría que hay que ofrecer aquellas noticias que despierten más interés en una mayoritaria parte de la sociedad y conecten a su vez con ella.

Pero ante esto, seguramente desde mi óptica romántica del periodismo, les respondo que, la prensa es un instrumento de información al servicio de la sociedad con el fin de hacerla más libre y justa, contribuyendo así a su mejora. Por esto, la selección de información impuesta por unos pocos nos resta libertad a unos muchos y marca un camino a la sociedad que no tiene porqué ser el mejor. Y esto es tan válido para un tema tan baladí como el deporte como para cualquier otro más serio y relevante. Por ello, pido que se nos dé la información, y en el caso del deporte, denos información deportiva, sean prensa deportiva, y déjenos a cada uno de nosotros centrarnos en lo que queramos centrarnos.

viernes, 25 de noviembre de 2016

Rafael Hernando, la hiena del Partido Popular

Rafa Hernando.jpgEl señor Hernando puede que sea la persona más miserable, abyecta e indeseable de la política española, con esa cara de asco permanente, un macarra que intentó pegar a Rubalcaba hace unos años, un miserable que se ríe de los familiares de los fusilados durante la Guerra Civil y la postguerra, un provocador nato, que encuentra provocaciones en el debate político, un hipócrita que utiliza argumentos maniqueos según le venga bien a su partido o no.

Con este currículo, ahora intenta instrumentalizar el dolor y la muerte de una persona, que por cierto fue se compañera suya, a la cual, él y su partido le enseñaron la puerta de salida y presumió en ruedas de prensa de ello. Lo intenta acusando a otros partidos, jueces y medios de comunicación del linchamiento hacia Rita Barberá. Pide reflexión a todos ellos, cuando las únicas reflexiones las debería hacer él mismo y su partido.

No se puede acusar a jueces y periodistas de hacer su trabajo una persona ajena a estos sectores, cuando él hace un trabajo como representante público lamentable, aprovecha su situación personal para lanzar barbaridades sin aportar absolutamente nada a los ciudadanos. Su única labor es emborronar la política, y su presencia en la cámara de la soberanía nacional sólo simboliza el bajo nivel de la política española, una vergüenza.

Con personas así en la política no es de extrañar el auge de los populismos. Que sigan dando carroña y ya verán como aparecen más hienas.

Populismos

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En ocasiones veo populistas… podríamos afirmar, parodiando para ello la película de “el sexto sentido”, aunque si atendemos a los análisis políticos actuales, más que en ocasiones, podría decirse que: “A menudo veo populistas”. Y es que parece que la prensa mundial, analistas políticos y los mismos políticos, se hayan levanto un día, y se hayan encontrado el diccionario abierto delante de sus narices por la página donde se definía la palabra “populismo”, y todos se han puesto de acuerdo en encajar, de una u otra manera, esa palabra en todo análisis político. Es más, no conformes con ello, se han compinchado para ver una conspiración a nivel planetario de populismo, independientemente de nacionalidades, ideologías y orígenes.
Un servidor, ante la “popularidad” de dicha palabra, que en boca de tantas respetables personalidades se menciona con relevante asiduidad, me empecé a cuestionar si tendría algún significado oculto que ignoraba, así que acudí al Diccionario de la Lengua Española. Me metí en la página de dicha institución y tecleé cada una de las letras que configuran esta palabra, con la esperanza de encontrar una solución a mis dudas. Pinché en el botón izquierdo del ratón y encontré una solitaria acepción: “tendencia política que pretende atraerse a las clases populares”. Mierda para mí -me digo- esto no me aclara un carajo. No, no me aclara nada, porque no creo que exista una sola tendencia política y ni sólo político que no pretenda atraer a las clases populares, más bien todo lo contrario, no hay político sobre la faz de la Tierra que no pierda el culo por atraerlas.
Pero pasada esta incertidumbre inicial me da por usar la poca lógica que hasta ahora me había llevado a diferenciar lo que es populismo de lo que no lo es. A grandes rasgos un populista solía reconocerse por:
1.    Decir las cosas que la mayoría quiere escuchar.
2.    Prometer cosas que se sabe no se pueden realizar.
3.    Dramatizar o agravar realidades concretas usando el miedo.
4.    Difamar e insultar a contrincantes políticos e ideológicos.
5.    Achacar los males de la sociedad a colectivos muy delimitados.
6.    Victimizarse a sí mismo o a la sociedad imaginando conspiraciones.
7.    Poner en tela de juicio, sin rigor alguno, realidades evidentes.

Puede que alguno de ustedes considere que, seguramente con muy buen criterio, sobra o falta alguna razón, e incluso que se puede matizar alguna, pero a priori, estas siete han venido definiendo para mí el populismo hasta ahora.
Lo que es innegable es que el populismo es tan viejo como la misma política, y cualquiera de los políticos que actualmente nos gobierna utiliza alguno de estos argumentos para alcanzar o mantener el poder, y no lo digo por decir, desde el Partido Popular hasta Podemos, pasando por el resto de partidos, independientemente de su corriente ideológica ha caído en alguno de estos aspectos. Esto hace que cada vez sea más difícil identificar a un populista del que no lo es, por eso, tanto tertulianos como político se dedican a calificar a todos populistas mientras el gran público asiste atónito sin saber qué coño pensar.
Pero permítanme que ponga una opinión personal sobre la mesa, el único argumento en el que se apoyan para valorar a otro individuo o partido como populista es que, no son del mismo rango ideológico. ¿Les suena de algo? Relean por favor lo que puse en el punto cuatro de los rasgos típicos de un populista: “Difamar e insultar a contrincantes políticos e ideológicos”. En base a esto se entiende la presencia masiva de esta palabra en los medios, porque lo que suele pasar en democracia es que haya mucha más gente que no piensa como uno que personas que sí lo hagan, por lo tanto, todos son calificables como populistas.
Pero, y permítanme la expresión, lo que más me toca los cojones de todo esto es la falta de rigor, se llama populistas a unos y a otros sin argumentar una mierda, sin que nadie cuestione dichas afirmaciones, y para colmo, los ciudadanos nos tragamos esa mierda entre tertulia y telediario sin decir ni hacer nada, porque el populismo no es sólo político, es una cuestión también de los medios de comunicación, de los sectores económicos que los sostienen y de los ciudadanos que participamos de estos a través del consumo acrítico de los medios. Ahí es donde radica el poder del populismo, en ese complot global, que lucha en pro de la falta de cultura y la desinformación masiva.
Todos nos escandalizamos cuando vemos a Donald Trump como presidente electo de Estados Unidos, pero nadie se percata que para llegar hasta ahí se haya producido una apología de la incultura, la ausencia de análisis cercanos, inteligente y sosegados de la realidad, golpeados por tertulianos vociferantes, titulares y tweets faltos de profundidad; nos apoltronamos en la comodidad de nuestros argumentos, no llevamos nuestra visión de las cosas más allá de la zona de confort; y por supuesto la falta de valor de enfrentarlos a la realidad, instalados en el buenismo y lo políticamente correcto, no hemos hablado de las cosas con la debida claridad, dejando la mierda aparcada, esperando que otros se encarguen de limpiarla.
En este nivel de dialéctica tan lamentable, nos regodeamos en nuestra ignorancia, lanzamos tweets al aire sin ninguna carga argumental. Nos creemos cualquier cosa sin contrastar nada. Somos eslóganes andantes. Las compañías de publicidad ya no anuncian marcas deportivas, restaurantes de comida rápida o refrescos, sino ideologías baratas. Se busca más una frase corta, si puede ser en voz alta mejor, carente de sentido que ridiculiza al interlocutor que un argumento que lo haga dudar, y mientras tanto, los argumentos más sosegados poco a poco se acallan. Ante este espectáculo de gritos, calumnias y frases vacías, se van metiendo a todos en el mismo saco, no diferenciamos a unos políticos, empresarios y periodistas, de otros. Y en este caos, con la complicidad de todos, aquí no hay inocentes, es en el que surgen los verdaderos populistas, los Trump, Le Pen o Petry, y triunfan movimientos como el Brexit.
Llegados a este nivel, la única manera de combatir el populismo, bien sea los casos más leves o los más extremos, es a través de la educación, la que nos enseñe a cuestionar las cosas, incluso las más obvias, saber cuándo nos mienten, cuándo culpan a otros sin motivos o nos prometen cosas irrealizables; la misma educación que nos permite dejar de comprar algo, cambiar de canal, buscar y reclamar información y sus fuentes; y por supuesto, la misma información que nos aleja de los buenismos, haciendo fáciles las cosas que parecen difíciles a priori. No hay nada más peligroso para los populistas, independientemente del cargo o empleo que posean, que un individuo culto. No existe ningún argumento, venga de un político, periodista, empresario u otro ciudadano, que pueda con la información veraz.

Una cosa si les digo, ningún populista a lo largo de la historia ha llegado para irse en su debido momento, ni para consolidar la democracia y las libertades. Nunca se han frenado ante nada ni nadie ¿por qué lo iban a hacer estando arriba?

miércoles, 15 de abril de 2015

Prostitución ¿sí o no?

Me alegro que se haya abierto el melón del debate sobre la situación de la prostitución en España, ya iba siendo hora de enfrentarnos a una realidad presente en las calles de la mayoría de nuestros municipios. En este caso, lo ha hecho Albert Rivera, tras su propuesta de regularizarla, y aunque no defenderé aquí dicha tesis, si considero un acierto esta iniciativa, porque ya va siendo hora que la sociedad española, por primera vez, se plantee un rumbo a tomar sobre este asunto, detrás del cual, se esconden tantas vidas.
La prostitución, según la RAE es la “Actividad a la que se dedica quien mantiene relaciones sexuales con otras personas, a cambio de dinero”, a lo cual yo añadiría favores y servicios; y de esta se dice tradicionalmente que es el oficio más antiguo del mundo, y aunque no hay manera de corroborar semejante afirmación, si es cierto, que la prostitución está presente en nuestra historia, ya no solo desde las épocas de Grecia y Roma, sino de épocas más pretéritas, viéndose ya recogida en el Código de Hammurabi, el cual data del años 1750 a. C. y representa uno de los conjuntos legislativos más antiguos. De esta manera, la prostitución se ha ido desarrollando conjuntamente con la humanidad hasta nuestros días.
En la actualidad, la prostitución, como decía al principio, es una realidad en todas las sociedades del mundo, con mayor o menor visibilidad o permisividad, reglamentación legal o aceptación social. Sea como fuera, lo cierto es que a la prostitución la envuelven dos mantos que no nos dejan ir más allá y conocer la realidad. El primero de ellos es el de la hipocresía. La prostitución existe, es más coexiste al ritmo que se desarrolla el resto de la vida de nuestras sociedades, por lo tanto, negarla solo representa un ejercicio fútil de mirar para otro lado, negar la evidencia. Y no solo diré que existe, sino que está presente en todos los niveles de la sociedad, no conoce de clases sociales, hay quienes practican la prostitución de manera indirecta, ofreciendo su cuerpo para la obtención de algo que desea y otros reciben este ofrecimiento con total normalidad; hay otros que la condenan y la combaten pero que a escondidas recurren a estos servicios de diferentes maneras; incluso los hay que la repudian, sintiéndose estos muy dignos, que incluso hasta van a misa todos los domingos con su familia de la mano, pero luego acuden a los servicios de prostitutas y/o prostitutos.
El segundo manto es el de la realidad, el cual va desde las cifras económicas del estado hasta las tratas de blancas, pasando por la legislación. Hay que dejar claro que la prostitución en España no es ilegal, sino alegal. En el código penal de nuestro país solo se contempla como ilegal la trata de personas y la obligatoriedad o incitación por cualquier medio a ejercerla por parte de unas personas sobre otras. Esto genera un vacío legal a las personas que la ejercen de manera voluntaria, puesto que no poseen ningún tipo de protección social como si pasa en Países Bajos o Alemania, aunque a la vez, se persigue a las personas que trafican con personas y/o las explotan sexualmente, aunque no siempre con acierto. Este vacío hace que la legislación sobre la prostitución recaiga en los ayuntamientos, los cuales se limitan a permitirla en las vías públicas o no, sancionando a clientes y/o los que ejercen dicha actividad; sin embargo no se interviene sobre locales o pisos donde se realiza la prostitución y cuyos anuncios podemos ver en prensa y en algunos otros medios.
La propuesta de legalizar la prostitución tiene como principal finalidad la recaudatoria y no la reducción de la misma. Según un informe de los inspectores de Hacienda del año 2014 esta actividad genera un volumen de actividad económica de 18.000 millones de euros al año, de los que se podrían llegar a tributar 6.000 millones para las arcas públicas y un aumento del 0,6% de afiliados a la Seguridad Social según un estudio del Ministerio de Trabajo de 2006. Sin embargo, esto es una cifra al aire, pues estamos hablando de una actividad en la cual no hay ningún registro y todas las cifras son meras estimaciones, ya que según el Instituto Nacional de Estadística se calcula que en este negocio hay 100.000 personas y casi tres millones de clientes, aunque esta cifra como la anterior no deja de ser una estimación, y nunca una cifra exacta. De estas personas que se dedican a la prostitución la ejercen de manera no voluntaria entre un 95% y un 80%, según el estudio al que acudamos. Como último dato numérico, desde septiembre de 2014 el gobierno del Partido Popular incluyó la prostitución en el cálculo del PIB, el indicador que explica el tamaño y la evolución económica de un país. Así que, desde septiembre de 2014 la prostitución y las drogas, lo cual ha incrementado en unos 46.000 millones de euros el PIB,  o lo que es lo mismo, un aumento del 4,5%.
Con estas cifras vienen las preguntas, porque la vida no solo son números. ¿Regularizar la prostitución va a permitir que todas las personas que la practican regularicen su situación social y laboral? ¿Con la regularización se producirá una mejora de las condiciones de vida de las personas que la desarrollan? ¿Regularizar la prostitución hará que se incremente el número de personas que llegan a España para ser explotadas sexualmente? Si yo tuviera que dar respuesta a esas preguntas sería respectivamente: No, en algunos casos y sí. En todo caso, y aquí va mi crítica a la propuesta de Albert Rivera, esta propuesta es fría y no pretende atajar una situación en muchos casos dramática, sino que sólo se pretende recaudar, olvidándose de las personas por completo, y por supuesto, no prevé la evolución en el terreno social.
Por último está el caso de olvidarnos de la regularización y pasar a la prohibición, ahí tendríamos que pasar hablar de otras situaciones como es el caso de Suecia donde se penaliza a los usuarios de la prostitución y ha traído una reducción de la misma. Sin embargo, esta propuesta iría en contra del derecho de toda personas a decidir sobre su cuerpo, y traída a España en algunas situaciones estaríamos creando grandes bolsas de pobreza, donde hay muchas personas que se ven abocadas a esta realizar esta labor, de manera voluntaria, sí, pero también empujadas por la realidad económica en la que vivimos, que las ha llevado a realizar unas tareas que seguro ni en sus peores pesadillas imaginaron tener que desempeñar, pero a la que se ven abocadas por miedo al hambre, a perder sus casas o al futuro de una familia que no ve salida alguna.
A título personal, no tengo una opinión clara sobre el asunto. Defiendo el derecho a que toda persona haga con su cuerpo lo que dé la gana, siempre y cuando esto lo haga de manera libre y voluntaria, incluso veo bien que se llegue a considerar ésta como una profesión para darle dignidad, reconocimiento y amparo. Sin embargo me muestro contundente en la lucha contra el tráfico, el abuso y la extorsión de personas para ejercer la prostitución, ante lo cual es necesario, no solo toda la contundencia del estado de derecho, sino de la sociedad entera. Presuponer que la legalización de la prostitución repercutirá en una mejora de las condiciones de vida todas estas personas es un ejercicio de predicción muy arriesgado, pero sobre todo, poner en un lugar predominante del argumentario el elemento recaudatorio me parece de una frivolidad excelsa. Aun así, agradezco a Albert Rivera y su partido que saque este tema, que considero requiere de meditación, y que por primera vez un político diga de manera clara su postura y se deje de ambigüedades y de palabras bonitas de para la galería es algo positivo, independientemente de que cada uno piense una cosa u otra.
Para finalizar, una reflexión personal, hasta aquí solo se ha planteado el debate social de la prostitución física, el cuerpo y el sexo, pero quisiera ir más allá y me atrevo a afirmar que en el fondo, todos nosotros, en algún momento de nuestras vidas nos hemos prostituido, vendiendo nuestros sentimientos, nuestras ideas y hasta nuestra moral al mejor postor.

martes, 11 de noviembre de 2014

9-N


Ayer, 9 de noviembre de 2014, se produjo un hito en la historia de la democracia española, el gobierno de Cataluña llevó a cabo una consulta popular de carácter no vinculante sobre si dicha Comunidad Autónoma debería seguir formando parte de España o por el contrario debería iniciar el camino hacia la independencia. El resultado tiene dos visiones, por un lado, la del porcentaje de votantes; y por otro lado, la del resultado del escrutinio; y ambos nos ofrecen datos interesantes, a los cuales habría que hacer referencia, evitando quedarnos solo en uno con el fin de justificar nuestras ideologías o posiciones ante la opinión pública.
En relación al porcentaje de votantes, es evidente que la participación no es alta, más bien baja, pues apenas se sitúa ligeramente por encima del 33% del censo estimado, al cual recordemos se añadieron los menores de 18, hasta los 16 años. Esto a todas luces supone un fracaso para aquellos que aspiraban a lograr una participación masiva. Sin embargo, al tratarse de una consulta sin una base legal que le diera solidez y proyección en el futuro, podría ser valorado como un éxito, pues no se ha dejado de movilizar a más de dos millones de personas en una acto que se sabía no tendría otras repercusiones más allá de las simbólicas.
Por otro lado están los porcentajes de votos, o lo resultados. Estos sin inapelables, el 80,76% de los votantes de la consulta han votado "sí" a la solicitud de independencia catalana, esto supone aproximadamente un millón ochocientos mil catalanes que quieren que esa Comunidad Autónoma inicie un proceso de independencia. Estos datos, obviamente, sobre seis millones de catalanes que tenían derecho al voto, no son decisivos, porque ignoramos la voluntad de todas estas personas que no se acercaron a votar, pero son casi dos millones de personas a las que no se les puede ni se les debe ignorar, porque han manifestado un estado de descontento con la situación actual. En este sentido, vuelvo a mencionar que existe más un 65% de la población catalana que no se han manifestado, lo cual no sabemos si fue porque no les interesaba, porque no querían participar de esta consulta o al carecer la misma de una base legal, no les suponía interesante participar y por lo tanto no sabemos hasta qué grado son extrapolables los datos obtenidos a el resto de los potenciales votantes que no votaron.
Pero, repitiendo mi razonamiento anterior, existen casi dos millones de personas a las que no se les puede ni se les debe ignorar, porque han manifestado un estado de descontento con la situación actual y esto nos debe llevar a reflexionar sobre cómo se ha podido llegar a esta situación y qué posibles soluciones hay.
Los actuales movimientos nacionalistas y su prolongación independentista tienen su origen en una España diferente a la actual, en una España que perdía su influencia internacional, sin inercia propia y lo que es peor, sin un proyecto a desarrollar que la identificara. Estos males se han ido prolongando a lo largo de la Historia hasta nuestros días, pasando a través de distintas formas de gobernanza, gobierno y organización estatal y/o territorial. Llegando a nuestros días, en los cuales, a pesar de los pesares, aún parece que quedan demasiadas alcobas por abrir y faltan gobernantes con agallas y voluntad de hacerlo y por supuesto, falta crear un modelo y proyecto de país moderno a la vez que propio, en el cuál todos podamos creer, que nos impulse y nos dé un lugar en el mapa mundial. En vez de eso, esta clase mezquina de gobernantes nos ha otorgado un país de pandereta, donde todavía los sectores más rancios tienen mucho poder y mucha capacidad de influir, esta misma clase política, que se han dedicado a reventar todo el litoral para construir casa con que llenarse los bolsillos, la misma clase política que desprestigiado y deshecho todo el sector público, la misma clase política que ha desmantelado todo el tejido industrial y tecnológico del país y donde por supuesto, tener una idea o un proyecto, por mucho que se empeñen a través de Leyes Orgánicas es más que inviables debido a todos los buitres que están prestos a depredar, y por supuesto la misma clase política que gobierna no para todos los ciudadanos, sino solo para una parte de ellos, trincando por el camino todo lo que pueda.
En este ambiente surgen los nacionalismos, prometiendo un proyecto esperanzador a sus ciudadanos, y se ven catapultados gracias a esta crisis, que como todas las crisis es agua para que germinen todo tipo de populismos. Estos nacionalismos lo vieron claro ¿qué ofrece España? Nada. Porque esa es la realidad, España no ofrece nada, se burla de las diferencias y particularidades de algunos que se sienten orgullosos de una forma de ser y vivir diferente, ni mejor ni peor, diferente. Entonces ¿Por qué seguir juntos? Se exprime el malestar ciudadano, generando un sentimiento de agravio para un beneficio propio, exaltando una identidad diferenciadora, sacando símbolos, manipulando historia y presente, y hablando siempre de diferencias, nunca de todo aquello en lo que nos parecemos, que a mi juicio es mucho más de lo que nos separa, entre lo mucho que nos une, por supuesto, la clase política que antes mencioné, porque aquí no queda ningún salvador de la patria, ya sea esta española o catalana.
Ante estos movimientos, desde la triste y gris España ¿qué se hace? El desprecio, la ignorancia y lo más grave, juegan con la misma carta de los símbolos vacíos y las frases hechas, se refugian en leyes negándose a todo diálogo y negociación, dándole más alas a los que no quieren formar parte de un proyecto común. Porque esta es la idea final, la de que todos formamos parte de un proyecto común del cual todos debemos tirar juntos, porque la suma nos hace más fuertes, pero si no hay una apuesta por un proyecto común, si no hay una idea clara de que no se puede combatir al fuego con el fuego, de que no se les dice a los catalanes que queremos que sigan con nosotros en vez de alejarlos cada vez más, porque somos los mismo, mal que les pese a algunos, esta realidad diferenciadora siempre existirá y por lo tanto viviremos ante el mismo problema una y otra vez, dejándoselo como herencia a las futuras generaciones.
            A título personal, yo siempre lo he tenido bien claro, abogo por la eliminación o merma de las diferencias entre las personas y uno de los elementos que genera más diferencias son las barreras políticas, por lo tanto no comparto la idea de independencia, sin embargo, si entiendo y respeto el deseo de un pueblo de ser consultado sobre su presente y su futuro, a eso se le llama democracia, Aunque dicha consulta no puede ser llevada a cabo desde la ilegalidad, porque a eso se llama golpe de estado, hay que llegar a un acuerdo de consulta. Y a estas alturas, enarbolar banderas, hablar de imposiciones o pecar de victimismo, no es ético, ni serio y ni mucho menos responsable, por lo que pido a los políticos, de ambas partes y de todos los partidos, que sean capaces de crear un proyecto común en el cuál nos sintamos todos cómodos y esperanzados para el futuro y eso solo se consigue mediante el dialogo. Las diferencias que existen hoy y que existirán mañana no son una realidad  del ciudadano, son un hecho del que los gobernantes son y serán responsables directos por sus palabras y sus actos y si eso va a ser su legado, nos sobran.

sábado, 23 de noviembre de 2013

Cuando nos asomamos a las trincheras

Cuando era más joven, crédulo y apasionado tenía muy claras mis ideologías políticas y las defendía con todo el ímpetu que a un individuo de esas edades le suele rebosar por todos los poros de su cuerpo.

Pero uno crece, lee y vive, y se vuelve escéptico, descree del discurso de buenos y malos y ya no le da por parapetarse tras en una zanja, esperando al enemigo bajo las órdenes de otros. Sin embargo sorprende ver como no todo el mundo sigue el mismo camino, haciendo que, de repente, algunos nos sintamos como enemigos de todos en medio de un campo de batalla, repleto de atrincherados, dispuestos a volarle a uno la tapa de los sesos por el mero hecho de no estar en esa trincheras. Y cuando uno está ahí, en medio de la nada, de nada servirán banderas blancas, brazaletes de la cruz roja ni carnés del Alteti, eres un blanco más.

Todavía más sorprendente de esto, es la facilidad con la que se reclutan soldados para las distintas causas y ver como este fenómeno se reproduce generación tras generación en este país llamado España de manera eficiente, y que por cierto, todo sea dicho, debe ser lo único que habremos hecho de manera eficiente los españoles en toda nuestra historia, es más, es incluso un fenómeno que hasta hemos sabido exportar con bastante éxito allí donde hemos posado un pie y transmitido nuestros genes.

Pero como les decía y volviendo al argumento inicial de la segunda estrofa, yo crecí, leí y viví. Esto me hizo renegar, más que de las ideologías, que todavía alguna conservo, de los políticos, de los partidos, de las banderas, de los empresarios, y de todos los dioses habidos y por haber que en algún momento creí o descreí. Me situé en esa tierra de nadie, siendo un blanco más, donde los únicos amigos corren de aquí para allá esperando a que no les pequen un tiro y donde los demás son enemigos.

Así y todo, como les decía, alguna ideología o creencia conservo, una de ellas es de la democracia. Creo en la democracia como sistema menos malo posible, donde no hace falta divinizar a nadie, donde todos los hombres somos iguales y donde el pueblo tiene algo que decir en asuntos de gobierno sin tener previamente que obedecer, ni caer en el caos de la anarquía. Creo en una democracia más allá de un voto cada cuatro años, donde se fomenta la cultura como único remedio para conservarla y conservar sus valores a la vez que como antídoto contra la estupidez que nos arrastra al caos o las dictaduras.

De entre todos los valores democráticos, en el que más creo y el que considero que más falta hace hoy en día es el valor de poder opinar sin necesidad de recibir agravios de ningún tipo por el mero de hecho de opinar. Poder decir si estoy en contra o a favor de una Ley, si creo o no creo en uno u otro Dios o en ninguno, si una persona hace declaraciones inoportunas, desacertadas o imbéciles, o de ciscarme en los muertos, sin necesidad de castigos, penas o insultos por parte instituciones, organismos o fanáticos.

Aunque como les decía, no todo el mundo está por esta labor. Los valores democráticos, son valores muy frágiles, el valor de la libertad y de extenderla hasta donde llega la libertad de los demás, el valor de respeto hacia los demás, la búsqueda del bien común, esa dialéctica donde no todo sea "conmigo o contra mí", sino en pro de preguntar, ser curiosos, entender otras realidades y formas de pensar intentando buscar más puntos en común que elementos de confrontación, etc. Todos estos, elementos muy frágiles en manos muy torpes, porque no todas las personas están a favor de defender estos valores, ya que lograr su defensa requiere de un esfuerzo mental que solo se logra a través del conocimiento y la cultura, y a la hora de la verdad, resulta mucho más sencillo la estupidez asesina de estar atrincherado, buscando un blanco al que matar, mientras otro ríen en sus palacios de oro.

Pd. 1: “No comparto lo que dices, pero defenderé hasta la muerte tu derecho a decirlo. Voltaire

domingo, 17 de noviembre de 2013

El exilio

No aspiran a pasar a la historia, ni a protagonizar grandes hazañas, ni siquiera a cambiar su mundo, o por lo menos ya no. Solo aspiran a tener una vida. Son peones a sacrificar, la primera línea de un batallón de infantería ligera, pasajeros de un Titanic que saltan por la borda, abandonando un barco a punto de hundirse.

Son españoles, jóvenes y no tan jóvenes que cada día huyen del país que les vio nacer y crecer, de ese vil y mezquino terruño gobernado por incompetentes y corruptos políticos a los cuales nada les importan, salvo para que les otorguen su voto que expíe todos sus pecados, y justifiquen sus existencias y sus mentiras.

Huyen desconcertados, resignados, pero con la cabeza alta, sin aparentar ese miedo que llevan alojado tras la piel por tener que dejar atrás esos lugares comunes, el bar de la esquina, el parque de la infancia, la playa que les mostró por primera vez el mar, rumbo a un territorio extraño, lanzados como paracaidistas tras las líneas enemigas.

Huyen del cobijo de sus familias, padres que se quedan observando las ausencias con un nudo en la garganta y la incertidumbre de ver como aquel polluelo al que siempre cuidaron, se echa volar por sí mismo, sin el apoyo de nadie, porque en esta nación cainita y hostil, nadie estuvo dispuesto a prestárselo.

Huyen con sus acreditaciones en una mochila hacia sitios donde más importante que dar trabajo a barrenderos, es dárselo a maestros, científicos o médicos, donde la histeria popular no se materializa en una bilis expulsada desde púlpitos o escaños comprados a precio de mercado por las grandes élites económicas.

Me los imagino pasando el control del aeropuerto echando una última mirada hacia atrás, fundiéndose con la que le lanzan sus seres queridos, que tras el control de seguridad los observan a punto de llorar, si no lo han hecho ya. Miran hacia atrás, sabiendo que no hay vuelta atrás, tras echar un último vistazo a su alrededor, observando la tierra que dejan atrás, haciendo camino hacia el exilio.

lunes, 20 de mayo de 2013

Todo y nada



Cansado de todo, de edificios, carreteras, kilómetros, coches, del ruido, de personas aceleradas, del bullicio, de las caras mustias, de ordenadores, móviles, cielos plomizos; cansado de bancos, de sus crisis y nuestras ruinas, del negocio y el capital, de la distancia justa medida milimétricamente.

Ansiando caminos angostos, pasos descontrolados, campos, fanegas, montañas, pendiente, playas, marejadas, pueblos, silenciosos, músicas, sencillas, las páginas de un libro viejo, puentes que unen orillas, una cerveza en el último rincón del mundo, donde las miradas siguen teniendo curiosidad.

Aburrido de la certeza de la incertidumbre, una cháchara que agota los sentidos y diluye la risa, congelando el latir de un colibrí. Avaricia desmedida por una posesión que a nadie satisface, una vida ajena a los vapores de una divagación sin módulo, dirección ni sentido, vidas que son solo humo.

Deseoso de la incertidumbre certera, un verso en blanco tras los besos regalados al aire, que flotan entre las hojas de dos chopos, supervivientes al naufragio de una acequia sedienta. Despertares que buscan luceros  en los amaneceres tras la ventana, al olor del café en un instante que parece eterno.

Rechazo la tempestad de un ida y vuelta para todo, de ese miedo a desafiar al silencio, a caer al vacío sin guía, pensado que todo lo debemos a todo y nuestras deudas y deudores se muestran insaciables, ocultando los rastros de nuestro pasado y ofreciendo un futuro con el que nunca soñamos.

Esperando un naufragio, al que nada le pido, salvo que dé por bien servidos mapas y brújulas. Un instante que me enrede como los troncos de los olivos entre la tierra y el cielo mientras sus brazos, perezosos respiran ante un horizonte desprendido de todo lo banal, solo los elementos y los planetas.

jueves, 9 de mayo de 2013

Liberalismo Vs. Socialismo


Cuando mencionaba en la anterior entrada que en España “ya no quedan ni las políticas económicas clásicas, aquellas con las que se construyeron los cimientos del siglo XX” hacía referencia al socialismo  o comunismo y al capitalismo o liberalismo, como guste a cada uno llamar, las cuales han estado presenten en la base de toda teoría económica desarrollada a lo largo del siglo pasado y del presente.

¿Porque hago esta afirmación? Sencillo. Simplificando mucho el asunto, que uno tampoco es un doctor en economía, y saltándonos la propaganda de la Guerra Fría, el capitalismo o liberalismo desde los tiempos de Adam Smith, se basa en el libre mercado, eliminando la intervención de los estados, la reducción del sistema público y una bajada de impuestos para que entidades y empresas privadas, a la par que las familias dispongan de más capital para invertir y/o gastar. En otras palabras, se crea una economía puramente de mercado, donde, según los teóricos se rige por unas leyes que tienden a autorregular al susodicho mercado.

Por otro lado, las políticas socialistas conllevan una subida de impuestos, lo que permite disponer al estado de más dinero para invertir en el sector público, el cual se ve reforzado, permitiendo llegar a más personas y en mejores condiciones, aunque en su contra esto trae consigo una merma de capital disponible por parte de empresas, entidades y familias para realizar distintas actividades económicas, lo cual merma sus capacidades de actuación, unido todo esto a una mayor intervención por parte de los estados en los mercados.

Partiendo de esta base, cada uno se posicionará, si no lo ha hecho ya, en el lado que crea más conveniente para sus intereses y los intereses del colectivo social al que pertenece.

Pero en España, este debate ha desaparecido. España es un país que está siendo gobernada por un partido de tendencias liberales que se dedica a desmantelar el sector público, en la mayoría de los casos, no de manera liberal precisamente, sino favoreciendo a personas cercanas a dicho partido; a la vez que se suben las impuestos, lo que debilita el poder adquisitivo y capacidad de gasto a las empresas, entidades y familias.

Por otro lado, tenemos dentro de este partido a personajes liberales, véase Esperanza Aguirre, fiel seguidora de los ideólogos de la Escuela de Chicago y sus hijos más famosos, Ronald Reagan y Margaret Thatcher, abogando por un desmantelamiento del sistema público, mientras hace mención a los fracasos de los distintos sistemas comunistas, pero que omite de los fracasos de los sistemas liberales, entre los cuales está el hecho de habernos llevado a la situación en la que nos encontramos ahora mismo.

A su vez, tenemos un partido socialista que presumía en otras épocas que bajar impuestos era una política de izquierdas para sobre salto de todo los espectadores. Porque aunque podríamos entender que una política de izquierdas es hacer que los que más tienen paguen más que los que menos tienen, no fue esto lo que se dijo. Y por supuesto, en algunos casos, llevan a cabo un intervencionismo, más basado en los intereses personales que en las necesidades y demandas sociales. Todo un esperpento.

Por lo tanto, tenemos un partido liberal, que no respeta las leyes de mercado, pero que a la vez es intervencionista a base de impuestos y de reparto de los bienes del mismo, mientras que tenemos un partido socialista, más bien poco social. Todo un popurrí made in Spain, que a lo que único que debilita no es a las ideologías, sino a la democracia, llevándola al fracaso de manera estrepitosa y si la democracia fracasa, solo nos quedarán los abismo de la dictadura o la anarquía

Y es que, obviamente  las personas nos son robots, las personas están dominadas por sus pasiones, sus miedos y sus emociones, por lo que es imposible pensar que las personas que gobiernan dentro de regímenes comunistas, y que supuestamente son las encargadas de repartir las riquezas, o las miserias como decía Churchill, se comporten de manera ejemplar y no acaben por repartirlas de manera desigual, favoreciéndose a ellos mismo, cuando no, o a la vez, a personas cercanas.

Aunque estos mismos principios son aplicables al liberalismo. Pensar que los mercados se autorregulan, es una utopía, pues detrás de estos omnipresentes a la par que abstractos mercados hay también personas, las cuales, se hayan dominadas por parecidas pasiones, miedos y emociones que tienen las de regímenes comunistas, personas que juegan sus cartas en función de sus intereses personales y no de un colectivo popular, pero al que afecta a su vez dichas decisiones.

Por todo esto, si no somos capaces de desarrollar un liberalismo social o un socialismo liberado que no repriman la economía a la vez que atiendan las demandas y necesidades sociales dentro de un sistema democrático sólido, volveremos a cometer los mismos que se han cometido a lo largo del Siglo XX, volveremos a ver dictaduras injustas y crisis económicas que, en ambos casos, llevarán a la ruina cuando no a la muerte a muchas personas, en su mayoría inocentes, por su desconocimiento de todo lo que les rodea, salvo de su existencia y la de sus allegados.

Aunque también puede ser que este debate en España no tenga calado, porque nuestro verdadero problema no sea el modelo económico, sino el modelo democrático.

miércoles, 8 de mayo de 2013

Aquellas conversaciones

Echo de menos aquellas conversaciones con algunos amigos, más interesados en asuntos políticos en las que poníamos sobre las mesas nuestras opiniones sobre los distintos asuntos de estado y las principales formas de afrontarlas, en especial, las que se relacionaban con los dos partidos con mayor porcentaje de votos como eran el PSOE y el PP.

Aquellas conversaciones ya no están presentes en la mayoría de nuestros encuentros, y no precisamente por una merma en nuestro interés sobre asuntos políticos, aunque si en parte; sino porque aquellas conversaciones políticas, hoy ya no abordan análisis de la realidad, no proponen ideas, no sirven para nada, todo aquello ha dado paso a un sentimiento de amargura que nos lleva a blasfemar en arameo y un sentimiento de tirarnos al monte pistola en mano o plantar guillotinas en medio de las plaza de todos los pueblos de este cochino país y empezar a apurar cortes de pelo a políticos de uno y otro bando.

Porque la realidad presente solo es menos triste que el futuro que intuimos y los que son nuestros representantes políticos ya hace tiempo que dejaron de escucharnos, de mirarnos a los ojos salvo para pedir nuestro voto cada cuatro años. Creyentes de la conciencia de todos los españoles sin serlo, se refugian en sus atalayas del autismo y la propaganda para los engañabobos y los acólitos ideológicos. Y es que ya no hay política, solo fanatismo atrincherado en plenos, por no quedar, ya no quedan ni las políticas económicas clásicas, aquellas con las que se construyeron los cimientos del siglo XX.

Los ciudadanos salimos a las calles para protestar contra las medidas que se toman y con las que no estamos de acuerdo aun a sabiendas que no servirá de nada, que solo será un acto para visualizar nuestra disconformidad, para  manifestar nuestro descontento con esta realidad. Salimos sin ninguna esperanza, solo por el egoísta hecho de poder consolarnos diciendo: por lo menos lo intenté. Y mientras secamos nuestra amargura en ese pañuelo, asistimos perplejos a las declaraciones de distintos políticos donde con las que nos ignoran, cuando no nos etiquetan, desprestigian o faltan al respeto.

Echo de menos aquellas conversaciones, aunque por otra parte no, porque al final resultó que estábamos todos equivocados, ya no quedan partidos políticos que defender, ni ideologías por las que luchar, ya solo queda ver como se desmantela este país a manos de los distintos fanáticos que nos gobiernan y que los sustentas. Ya solo queda esperar que algún país decida que somos bien recibidos, porque en esta vieja piel de toro, solo queda la eterna sangría colectiva a manos de nuestros propios compatriotas.