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martes, 13 de marzo de 2018

El Pescaíto

Seguramente falten palabras en el diccionario para describir lo execrable del crimen del joven almeriense Gabriel Cruz, supuestamente a manos de la pareja sentimental de su padre, Ana Julia Quezada. Y no voy a desaprovechar la ocasión que me da este humilde blog para mostrar mi repulsa y condena ante este hecho tan atroz, deseando que la justicia actúe de manera rápida, eficaz y contundente contra los asesinos de este niño, a la vez que mandar mis condolencias a toda la familia y amigos del “pescaíto”, apelativo con el cariñosamente le llamaban.

Una vez que la Guardia Civil detuvo a la supuesta autora del asesinato del menor, la reacciones públicas no se hicieron esperar, mareas de personas inundaron las redes con mensajes de condena, iniciativas en redes sociales y portales como change.org, se produjeron minutos de silencio en diversos sitios y diversas manifestaciones en las calles, hasta en la mismísima comisaría donde se mantiene detenida a Ana Julia Quezada. A este movimiento ciudadano, por supuesto, se quisieron apuntar los políticos que, en pleno debate sobre la cadena permanente revisable, vieron la oportunidad de pillar algunos votos, agitando el debate público al calor de un movimiento social de solidaridad ciudadana ante la desaparición y muerte del menor, y es sobre estos últimos aspectos sobre lo que quisiera reflexionar a continuación.

El código penal español actual, que es en el que se recogen los delitos constitutivos de prisión, data de 1995 y desde entonces ha sufrido la nada desdeñable cantidad de 30 modificaciones, siendo la última el 28 de abril de 2015. Echando las cuentas de la vieja, podemos sostener que, con 23 años es una ley relativamente reciente y que le hemos metido un buen meneo en tan poco tiempo, pues si con 23 años de antigüedad, la hemos modificado 30 veces, eso nos sale a modificación cada 9 meses aproximadamente. Y aun así, no hay día en el que no se oiga, desde el politicucho de turno hasta el borrachín de barra de bar, reclamar que se modifique, normalmente a mayor dureza. Lo cual nos lleva a dos conclusiones:
1.    El código penal parece más que una ley propia de un país serio, moderno y democrático, un panfleto donde reflejar los agravios y frustraciones personales del momento.
2.    El poco nivel político que tenemos en este país cuando ve la incapacidad de consensuar un código penal medianamente estable de manera coordinada y sosegada y no "a golpe de titular".

Porque sí, este último aspecto es esencial, el de “a golpe de titular”, un elemento que retroalimenta políticos mediocres y populistas con una sociedad incapaz de darse unas normas con las que convivir en democracia, aspecto, este último, junto a otros, que ya denunciaba el ex fiscal general del Estado Torres-Dulce, y es que las leyes son el marco que permite la convivencia social en armonía de un territorio, y si el pueblo no se identifica con ellas, la convivencia corre un grave riesgo de romperse. Por eso es tan importante no legislar “a golpe de titular” porque se puede cometer en el error de no formular las medidas adecuadas para mantener la convivencia.

Pero volviendo al código penal, en España tenemos uno de los códigos penales más duros de Europa, y no es que lo diga yo, en palabras de la doctora de Derecho Penal Esther Fernández Molina “nuestro país tiene una legislación bastante punitiva si miramos y nos comparamos con los países de nuestro entorno y las últimas reformas nos han puesto, además, en los primeros puestos en cuanto a respuestas retributivas. Pero ¿por qué se piensa que en España hay que endurecer las penas? La verdad es que no sé y trasteando por internet no he encontrado datos de elevadas demandas sociales sobre esto, ni siquiera la inseguridad aparece en los primeros puestos de preocupaciones de los ciudadanos, es más, el Ministerio de Interior indica que sólo es una preocupación para el 3,2% de la población española a fecha de diciembre de 2016, por lo que me lleva a pensar que la única verdad, es que como decía antes, queremos legislar “a golpe de titular”.

Pero ¿hay motivos para un endurecimiento de las penas? Analicemos para ello la tasa de criminalidad y de homicidios. Según anunciaba el Ministerio de Interior en 2016, la tasa de criminalidad en España se sitúa en 43,2 delitos por cada 1.000 habitantes, lo cual nos convierte en el tercer país con menos delitos por habitantes, sólo por delante de Portugal y Grecia (resulta curioso que sea el mismo gobierno que anuncia esta baja tasa de criminalidad, el que promueve o por lo menos lo intenta, condenas más duras); es más, según esta misma fuente, se registraron un 1,2% menos de delitos con respecto al año 2015. Por otro lado, los homicidios dolosos y asesinatos consumados bajan por primera vez de 300 casos para el año 2016, lo que convierte a España en el país de la Unión Europa con menor tasa de muertes violentas, sólo superado por Austria. Aun así, cabría preguntarnos ¿estos delitos, por pocos que sean no tienen sus correspondientes castigos? Si acudimos a la página de Instituciones Penitenciarias, nos indica que en enero de 2018 había en España 59.121 presos (de los cuales 3.743 estaban encarcelados por homicidios) por lo que hay 1,2 presos por cada 1.000 habitantes, lo cual, si lo comparamos con el resto de Europa, sólo tienen más presos por 1.000 habitantes los países de Europa del este. Por lo que si juntamos que tenemos de las tasas más bajas de delincuencia de Europa y sólo los países del este acumulan más presos, podemos concluir que en España los delitos, se pagan. Y para demostrarlo, y antes de continuar, un último dato, según el sindicato de funcionarios de prisiones Acaip, en España, la estancia media en prisión es de 19 meses, el triple que los países de nuestro entorno, el doble que la media de la Unión Europea y solo por detrás de Turquía y Rumanía.

 Aun así, y ante la tozudez de los números, todavía hay quien pide más pena para los condenados de algunos delitos. Es natural que ante determinados hechos como el asesinato de Gabriel, se pidan castigos de gran dureza por parte de la ciudadanía, más años de cárcel, trabajos forzados, castigos físico y hasta la muerte, pero todo esto se sobreentiende como una de forma de repulsa ante unos actos atroces y en círculos cercanos de familiares, amigos o conocidos, pero lo que no es de recibo es que los políticos entren en este juego. Porque si bien es cierto que podemos hablar de un código penal caótico, cosa comprensible si atendemos al gran número de reformas que se le han aplicado en tan poco tiempo, lo cual también denunciaba Torres-Dulce, y que se ha intentado judicializar hasta el más nimio de los actos de los ciudadanos, no es cierto que en España, como ya demostré antes, los delitos resulten impunes, o por lo menos no los delitos de gran impacto social como los homicidios, porque ya se sabe que los financieros y políticos son harina de otro costal, porque como ya expresó en su día el presidente del Tribunal Supremo y del Consejo General del Poder Judicial, Carlos Lesmes: “La Ley está pensada para el robagallinas, no para el gran defraudador".

Entre todo este debate sobre el tiempo de permanencia de algunos delincuentes en prisión, aparece en marzo de 2015 la figura de la “Prisión permanente revisable”. Si bien en España las penas medias ya eran altas y tras la última reforma del código penal se pueden llegar a decretar hasta 40 años de prisión para algunos delitos, se planteó esta nueva pena. Llegados a este punto, expondré mi opinión, la prisión permanente revisable, no es otra cosa que un eufemismo de la cadena perpetua, porque algo permanente, por más que le pongan la coletilla de “revisable”, sigue siendo permanente, y para los que no tengan un diccionario a mano, les diré que la RAE define permanente como algo “que permanece. Sin limitación de tiempo”. Y para los que tampoco tengan a mano la Constitución Española de 1978, les diré que esta, en su Artículo 25 dice que “Las penas privativas de libertad y las medidas de seguridad estarán orientadas hacia la reeducación y reinserción social”. Y les pregunto yo ¿es posible reinsertar a alguien que sabe que nunca va a salir a la sociedad? ¿Cómo se puede evaluar la reinserción social de una persona sin estar entre la sociedad? ¿A partir de cuánto tiempo se considera que la condena por un delito puede ser revisado? Y sí, sé que este tema está pendiente de resolución por parte del Tribunal Constitucional y que muchos grupos parlamentario han pedido su derogación, pero a mi juicio, la cadena perpetua y sus distintas derivadas nominales, es a todas luces anticonstitucional.

Ahora bien, podemos seguir empeñados en endurecer las penas, pensando que es la única manera de vivir en una sociedad más segura. Pues vayámonos a modelos como los existentes en Estados Unidos, donde existe la figura de cadena perpetua sin eufemismos e incluso la de pena de muerte. Y… ¡Sorpresa! Nos encontramos que la tasa de criminalidad es mucho más elevada que la de España y que la tasa de homicidios es más de 15 veces superior a la de España según datos de la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito. Es más, dentro de Estados Unidos se encuentran 4 de las 50 ciudades más violentas del mundo. Por lo tanto, una mayor condena no conlleva una disminución de los delitos y por lo tanto, tampoco una mayor seguridad de los ciudadanos ante actos violentos. Ante lo cual, añado que, no creo que quien cometa delitos de extrema gravedad como el homicidio, salvo algunas excepciones, estén pensando en el momento de cometer el crimen en cuántos años le pueden caer o no, de hecho, tanto el crimen de Gabriel o el de Diana Quer se produjeron estando en vigor la Prisión Permanente Revisable y ya ven que ni detuvo a los asesinos ni ha permitido podido salvar la vida a los fallecidos.

Pero ¿no se puede hacer nada? Yo creo que sí, hay tres vías a recorrer, una política, otra judicial y por último, la educativa y reeducativa con la reinserción como finalidad.

En relación a la medida política, ya va siendo hora que, como en tantas otras circunstancias la clase política esté al nivel que debe estar, hace falta despolitizar el código penal, no judicializar todos los aspectos de la vida de las personas, fomentando así la democratización del país; no hay que emplearlo para conseguir el apoyo de algunas víctimas de manera populista, las víctimas merecen todo el respeto, comprensión y apoyo, tanto por parte de las instituciones como por parte de la ciudadanía, pero su dolor no puede determinar las leyes de un país entero ni de todos sus ciudadanos; y por supuesto, hay que dejar a los jueces, fiscales, abogados y funcionarios de justicia trabajar, sin intromisiones políticas en su cometido de impartir justicia.

Sobre lo judicial, quisiera poner el foco por un lado en la falta de recursos humanos, materiales y económicos de los que goza la justicia española, no se trata de gastar más, sino de ser capaces de reorganizar estos gastos, en parte, dejando de judicializar y legislar cada aspecto de la vida de las personas que saturan los juzgados españoles, sino también de dotar de los recursos necesarios a dichos juzgados, porque mucha de la falta de apoyo a la justicia se lleva a cabo de manera interesada para que esta no intervenga en delitos políticos y financieros, los cual acaba teniendo su repercusión en otro tipo de realidades como la ralentización de delitos más mundanos. Por otro lado, resulta esencial democratizar la justicia, llevando a cabo las reformas que tanto tiempo se llevan reclamando desde el poder judicial.

En último lugar dichos recursos, tienen también que destinarse, en primer lugar, a la educación. Fue Pitágoras quien dijo “educad a los niños y no será necesario castigar a los hombres", y es que la educación resulta esencial para que cualquier sociedad se desarrolle en armonía, pero cuando vemos que España ocupa el quinto puesto por la cola en el gasto público destinado a educación de los países de la Unión Europea, el 4,1% del PIB, y hay una previsión de reducirlo al 3,8% de cara al año que viene, nos damos cuenta que nadie en este gobierno hace caso a Pitágoras. Después del fracaso de la educación, viene la reeducación, la cual hace incidencia de manera directa en lo que se denomina la reinserción social, que tiene que ver con intentar volver a hacer individuos útiles desde el punto de vista social, a los que fallaron a la sociedad en un momento de su vida. Esta reeducación está directamente ligada con elementos de seguimiento de los condenados, tanto dentro de la prisión como fuera de la misma para ver si se ha logrado la tan ansiada reinserción que se cita en la constitución.

Por supuesto, a pesar de todo lo dicho, es perfectamente legítimo en un país democrático que haya quien quiera promover condenas más duras contra algunos delincuentes, pero como he venido exponiendo hasta ahora, no creo que eso nos haga sentir más seguros, ni tampoco que vaya a devolver la vida de Gabriel, ni la de tantos otros inocentes asesinados de manera despiadada (además, cualquier reforma del código penal no podría influir en la acusada del asesinato, pues la justicia carece de efectos retroactivos). Pero entiendo la rabia y el dolor que puede llevar a pedir medidas más severas, porque es humano sentir ese dolor y reclamar dichas condenas, por eso no acabaré criticando a esas personas, sino a los que aprovechas el dolor y las denuncias para obtener votos electorales. Son muchas las vidas que se ha llevado la historia en beneficio de los intereses de unos pocos y no es justo, la vida de Gabriel vale mucho más  que eso, y junto a la suya, la de unos familiares y unos amigos que han demostrado un entereza, dignidad y generosidad digo de toda admiración, ellos, sólo ellos, los demás, sólo deberíamos ser silenciosos observadores de esta realidad. Descansa en paz “pescaíto”.

jueves, 8 de marzo de 2018

8-M

              No me andaré con rodeos, apoyo las manifestaciones del 8-M, defiendo la igualdad plena entre hombres y mujeres y por lo tanto, soy feminista.

             Sí, digo que soy feminista o por lo menos, lo intento ser lo mejor posible, aceptando para dicha atribución que me hago, la definición de feminista que da la Real Academia Española (respetable institución que no creo que pueda ser acusada de revolucionaria), la cual, lo engloba dentro del feminismo y que lo define como un movimiento que defiende la igualdad de derechos de la mujer y el hombre. Y el derecho a la igualdad no es eslogan ni una etiqueta, ni la supremacía o una lucha de una parte de la población sobre otra parte como dicen algunos que no tiene por costumbre coger un diccionario ni aunque se lo tirases contra la cabeza, sino algo que debería ser inherente a toda democracia en la que se aspire a que todos sus ciudadanos convivan en armonía.

            Es una realidad que hoy en día, año 2018, el machismo existe en España y en el resto del mundo, no nos creamos tan especiales. En este sentido, yo considero que si no el 100%, sí el 99,9% de la población mundial, en al menos algún momento de nuestras vidas hemos pensado, dicho, actuado o nos hemos comportado de forma machista. Esto no quiere decir que todos seamos igual de culpables de la realidad existente, ni debamos hacernos el harakiri de manera masiva, ni que, de perdidos al río… ¿para qué cambiar? Todo lo contrario, si realmente queremos combatir las diferencias que se dan en el día a día de todas las personas, tenemos que aprender a reconocer nuestros errores, aprender de ellos y corregirlos, porque este movimiento, no busca, o por lo menos yo lo entiendo así, el castigo generalizado, sino la reeducación que nos permita hacer las mismas cosas y comportarnos de igual manera, sin que ellos implique juicios diferenciados.

También me gustaría matizar que cuando se habla de machismo no se habla sólo de la violencia física o verbal de un hombre hacia una mujer, que resultan los casos más visibles y que más titulares ocupan en los medios y que de los cuales la justicia se debe encargar de ellos con medidas eficaces; sino de un sinfín de elementos que nos encasillan a todas las personas en una serie de roles acordes, no a nuestras capacidades o formas de ser, sino a nuestros atributos sexuales, lo cual acaba generando que se produzcan hechos como la brecha salarial, las posibilidades y características de empleabilidad o de promoción dentro de las empresas, e incluso nuestras labores y funciones dentro del ámbito doméstico y familiar como hacer las labores domésticas, cuidar a los niños o a personas dependientes, el control de los dispositivos electrónicos o la ropa con la que se visten ellas. Pero que no afecta sólo a las mujeres, como en estos casos, sino que también afecta a los hombres, pues nos obliga a tener comportamientos y actitudes concretas, por lo menos de cara al público, y que por ejemplo, hace que tengamos que mostrarnos siempre seguros y decididos, no poder llorar o que se nos coarte el derecho a denunciar una agresión por miedo a que se ponga en duda nuestra masculinidad u hombría.

Este estereotipo de roles nos llega por infinidad de canales. El principal de ellos es el que se reproduce a través de la educación que recibimos en nuestras casas, donde se atribuyen comportamientos, tareas, prendas y actividades diferentes si eres mujer u hombre desde la más tierna infancia. Esto, por supuesto tiene su prolongación en la calle, donde vemos cómo cada persona sufre realidades diferentes en función de su sexo, sobre todo dentro del mundo laboral, en el cual se manifiesta de manera muy clara las diferencias entre hombres y mujeres. A las personas se nos debería juzgar por nuestras aptitudes y actitudes, y no por nuestros atributos sexuales, ni por ninguna otra cuestión, y esto debería ser igualmente válido para todas las tendencias económicas con las que se simpatice. Pero dentro de un ideario conservador, retrógrado y reaccionario, el ir más allá del sexo, esto no tiene cabida, y de esta manera se explica la anteriormente mencionada brecha salarial, la falta de promoción de las mujeres, la renuncia a una vida familiar si se aspira dicha promoción o la falta de libertad, o exceso de control hacia las mujeres sobre su trabajo y el cómo desarrollarlo, incluido en su forma de vestir y maquillarse.

Si pasamos a los medios de comunicación, esta discriminación se vuelve ya vergonzante. Empezando por la mayoría de los reality show donde se expone una clara separación de roles en función de los sexos, llegando hasta un inocente programa de venta de caravanas donde las mujeres hablan de las cocinas de las mismas, mientras que los hombres lo hacen de los motores, y pasando por cualquier concurso donde las mujeres salen en modo florero tras el panel de turno. En los deportes, referente universal para muchas cosas, vemos como si un deporte lo desarrolla un hombre genera más dinero y los medios de comunicación les otorgan mucho más espacio que cuando lo desarrollan las mujeres. Todo esto viene acompañados de los anuncios. No voy a analizar esos anuncios en los que salen tanto hombres como mujeres medio en bolas anunciando perfumes, cremas, ropa interior o chorradas varias y donde a todos se les trata como objetos (aquí si hay igualdad), sino de aquellos que reafirman roles como en los que aparecen mujeres hablando del ahorro en casa, anunciando tiendas de textiles, electrodomésticos o productos de limpieza o sencillamente como un elemento de atracción hacia los hombres, como son anuncios de cervezas o de coches donde se muestran mujeres sugerentes.

Tampoco podemos dejar de analizar a nuestras élites. Dentro de la política española no ha habido hasta la fecha ninguna presidenta nacional, de los actuales 14 miembros del gobierno, hay 5 mujeres por 9 hombres; es estos momentos, sólo 4 de las 17 Comunidades Autónomas están gobernadas por mujeres (algunas de estas políticas ni siquiera se ha enterado de en qué consiste el feminismo); dentro del congreso de los diputados, de los 350 diputados, 144 son mujeres, lo que representa el 41,1% del total. En el mundo económico, las mujeres suponen el 13% de los altos directivos del Ibex, y hay empresas como Acerinox, ArcelorMittal, Merlin Properties y Siemens Gamesa que no tienen altas directivas. En el mundo académico, las rectoras representan el 10% del total de los rectores de las universidades españoles. Así podríamos seguir dando un sinfín de ejemplos que no se entienden, y me gustaría remarcar que si no hay mujeres en puestos altos no se debe precisamente a su falta de formación como decía alguna ignorante de la realidad que se dedica a gobernar, ya que las mujeres representan el 55% de los universitarios de España. Si a esto añadimos la tasa de mujeres que son referentes en ciencia y tecnología, y son reconocidas en dichos campos, esto nos lleva pensar que hay algo más detrás, el famoso techo de crista. Lo cual tiene una consecuencia en el tiempo muy preocupante como es la ausencia de referentes para las nuevas generaciones que crecen creyendo que no pueden aspirar a ocupar altos cargos dentro del mundo intelectual, científico, financiero y político.

A pesar de todo esto, sigo viendo a muchos hombres e incluso mujeres no considerarse feministas, mostrarse indiferentes o contrarios a esta reivindicación. Aquí entran muchos factores en juego, el desconocimiento de la realidad, una realidad que es muy tozuda si atendemos a los números, o si atendemos a las formas en que se trata a las mujeres, juzgándolas por cómo van vestidas o por si se acuestan con mil personas o ninguna, en no reconocerlas trabajando en sus puestos de trabajo para luego ir a casa y seguir haciéndolo ahí también; en cuestionar las leyes de paridad, pues sin ellas, muchas mujeres con talento no podrían promocionar en algunos ámbitos de la sociedad, muchas veces ocupados por hombres mediocres; en dar pábulo a noticias engañosas como las supuestas denuncias falsas por violencia de género, para lo cual no se apoyan ni en una dato real; el hacerse eco de manifestaciones exaltadas de supuestas feministas, que ni saben lo que es la igualdad; la mentalidad conservadora de algunas personas que ven erróneamente en el mantenimiento del status quo como la mejor alternativa; y por último están los agravios personales, que sobre todo hacen referencia a aquellos hombres, preparados e involucrados en la crianza de sus hijos que pierden la custodia de sus hijos en favor de las madres, pero que aun teniendo razones para sus reclamaciones no se debe obviar todo lo demás, porque la realidad de sus casos no es culpa de las mujeres, sino a lo que decía antes, el no valorar a las personas por su valía, sino por el sexo al que se pertenece.

Para acabar, todo esto sólo tiene una solución, que no es otra que la educación o la reeducación. Una educación global, pero especialmente a los más jóvenes, haciéndoles seguros de sí mismos, de su sexo y su sexualidad, fomentado la libertad, la igualdad de derechos y oportunidades para todos. Una tarea que por desgracia parece complicada si vemos como cada vez se aceptan más los roles en función del sexo y determinados comportamientos se mantienen e incluso agravan en los másjóvenes. Por eso insisto, hay que trabajar sin descanso en el mundo de la educación, para lo cual hacen falta leyes educativas y formación de los docentes adecuada en los valores de la igualdad de todas las personas. Y aunque sólo sea por esto, por un cambio en los modelos educativos que permitan un futura sociedad más justa y democrática, la manifestación de hoy, tiene sentido y debería tener todo nuestro apoyo.

sábado, 24 de febrero de 2018

Inocencio Arias García


Inocencio Arias García, seguramente a pocos de ustedes les sonará este nombre, pero si les digo que este hombre fue el ertzaina fallecido ayer en los aledaños del estadio San Mamés de Bilbao, antes del partido, durante los graves enfrentamientos entre los ultras del Athletic de Bilbao y del Spartak de Moscú, seguro que ya les suena.

Este hombre, de 51 años, natural de la localidad vizcaína de Ermua estaba casado y tenía dos hijos. El jueves 22, día en el que falleció, salió de su casa para, como cualquier otro día, ganarse el jornal, ¿de qué manera? Sirviendo a la sociedad bajo el cometido de cuidar a la ciudadanía de Bilbao. Me lo imagino en ese preciso momento, en el que salía de su casa, poniendo un primer pie en la calle, respirando el aire frío del invierno, sintiéndolo en la cara y en el cuerpo, adquiriendo un gesto resignado sabiendo que sería un día duro, manifestaciones por las pensiones dignas por la mañana en el centro de Bilbao y partido con presencia de hinchas radicales por la tarde en San Mamés… ¡Joder, qué día me espera! pensaría, pero sin siquiera imaginar que sería el último día en que haría eso, esa acción tan cotidiana de poner un primer pie en la calle y sentir el aire frío de una mañana de invierno.

Lo que sucedió después es de sobra conocido por todos, en medio de los enfrentamientos entre los ultras del Athletic y del Spartak, una bengala tirada por los miembros de Herri Norte cae cerca del ertzaina y fallece de una parada cardíaca. Al poco rato de conocerse la noticia se alzaron las voces de condena contra este execrable acontecimiento, medios de comunicación, clubes de fútbol, deportistas e instituciones del deporte y civiles. Todos a una, omitiendo de manera flagrante sus responsabilidades en lo acontecido. Porque ahora es muy fácil hablar de los ultras y yo lo haré luego, pero los ultras existen porque, en muchos casos se consiente su existencia cuando no se apoya, sobre todo por parte de algunos clubes de fútbol y sus organismos.

Empecemos por las autoridades civiles que aquí y ahora no se van a ir de rositas. Alguien me podría explicar ¿cómo es posible que un agente de la Brigada de Antidisturbios podía estar en activo desde las 7 de la mañana hasta las 9 de la tarde, hora aproximada en la que sucedieron los hechos? Cuidado, que no estamos hablando de una persona que se ha metido todas esas horas podando geranios y que está de macetas hasta el gorro, estamos hablando de un agente antidisturbios, sometido a una gran tensión durante un largo periodo de tiempo, algo que resulta inconcebible a todas luces. Y aquí podemos hablar de una mala planificación de la jornada o de una falta de recursos en cuerpo de la Ertzaintza, elemento del que se quejan algunos sindicatos policiales, ante lo cual seguramente unos y otros se levarán las manos y echarán la culpa a otros, pero es más que evidente que hay una responsabilidad manifiesta en lo sucedido por parte de las autoridades civiles.

Estas mismas autoridades, las que se muestran muy críticas con la violencia de los ultras cuando sale a través de los medios de comunicación, pero que a la hora de la verdad no muestran la debida contundencia contra ellos, en parte por sus intereses directos debido a afinidades ideológicas, sobre todo dentro de la derecha; pero también por intereses indirectos. Atacar a los ultras se puede vincular con atacar a los mismos clubes y ya se sabe que a ningún político le interesa enemistarse con el circo del pueblo, más bien todo lo contrario, hay que facilitar en la medida de los posible el desarrollo de los distintos clubes para tener a las masas apaciguadas. Llegados a este punto, me gustaría decir que, si los dirigentes civiles se preocupan un poco por sus conciudadanos, debería salir a la palestra y desaconsejar ir al Mundial de Rusia 2018 y la final de la Copa Europa league 2018 en Kiev. Pero les sobra servilismo y les faltan arrestos para hacerlo.

A continuación pasemos a la siguiente pata del banco, los clubes y las instituciones del fútbol. Tengo la intuición que no voy a ser muy innovador si digo que tanto la FIFA, UEFA y la LFP son instituciones con unos niveles de corrupción que sonrojarían al más curtido en estas lides y si no fuera por las distintas dirigencias abiertas por el FBI y otras instituciones judiciales, seguirían desarrollando la corrupción hasta terrenos insospechados. Estos organismos, junto a los clubes han tolerado la violencia en el fútbol por todo el mundo. Estos organismos citados, de vez en cuando toman alguna medida sancionadora como multar económicamente a un club o cerrar por algún partido aquel estadio donde se producen altercados, ante las quejas de agravios de los correspondientes clubes, pero no van más allá, no estudian los cosas en concreto y ni mucho menos tienen el valor necesario para tomar medidas drásticas de verdad como eliminar a aquellos clubes que dan cobijo a grupos violentos de las competiciones, porque claro, eso sería dejar de recaudar dinero, y como empresas multinacionales que son en busca del beneficio, iría en contra de sus principios, porque la única verdad es que desde hace tiempo las distintas instituciones del fútbol no velan por el deporte, sino por el dinero que genera, de esta manera se explican concesiones de mundiales, finales de eliminatorias, nuevos torneos y un sinfín de chorradas con fines recaudatorios.

Por su parte, los clubes llevan años aguantando, cuando no apoyando, entre las filas a aficionados violentos. Los vemos como de manera impune llevan a cabo actos vandálicos, coaccionan a futbolistas, entrenadores y directivas. Y aunque ahora tengamos la tentación de hablar de los aficionados rusos, de los que hablaré a continuación, estos energúmenos están presentes en casi todos los países vinculados a clubes o a selecciones, los vemos en España, Francia, Italia, Inglaterra, Argentina, etc. y son pocos los clubes que han tenido el valor de hacerles frente de manera global, pues la mayoría, si lo hacen, se limitan a quitar el carné de socio al cafre de turno. Estos exaltados acceden a los estadios, se les habilita espacios para su material e incluso tienen la posibilidad de llegar hasta a los mismos jugadores, cosa que no pueden hacer ni los más fieles seguidores. En ocasiones de manera anecdótica se esconden detrás de las simbologías de diversas ideologías como un medio para justificar su barbarie, pero sólo es eso, un parapeto, pues carecen de ningún mensaje social más allá del desprecio, el insulto y la violencia.

A los que carezcan de memoria les diré que estos exaltados llevan años campando a sus anchas por el fútbol mundial, los veis cuando era pequeño en Tenerife, cuando radicales de Países Bajos, Inglaterra y Escocia convertían bares y calles del sur en zonas de batalla. Con el tiempo los vi en Madrid cuando vivía allí y otras ciudades de España por la tele, desde donde veo a muchos otros violentos en España o de otros países. Aun así he de reconocer que las imágenes que llegas desde Rusia son algo que nunca me podría imaginar. Los ultras rusos son auténticos salvajes, pequeños ejércitos entrenados para la violencia, bajo el amparo de las instituciones y clubes rusos y con la tolerancia de las organizaciones del fútbol rusas, europeas y mundiales que no hacen nada para combatirlos. Es más, después de organizar las peleas que llevaron a cabo en la Eurocopa de Francia 2016, no se ha planteado suspender el mundial de Rusia 2018 ni la final de la Europa League en Kiev 2018 con todos los riesgos que supone. No puede ser que unos países que permiten esta violencia acojan ningún acontecimiento deportivo ni que sus equipos viajen por el mundo llevando a una gentuza como esta de manera completamente impune.

Y ya acabo, recordando de nuevo a Inocencio Arias García, al que estos días se menciona de manera dolorosa y con muchos pésames por parte de varias instituciones. Se ha muerto de una parada cardíaca, pero su sangre mancha muchas manos. Que descanse en paz.

martes, 23 de enero de 2018

Régimen del 78

Hoy en día, algunos políticos y líderes de distintos movimientos mencionan al Régimen del 78 como el origen de los males que acucian a la realidad política de España. Dicho apelativo hace referencia al proceso de transición de la dictadura franquista a la consolidación de la democracia actual y que, por el camino dio como resultado la aprobación y ratificación de la Constitución Española de 1978, garante de nuestros derechos y libertades, la cual se ha convertido en una especie de comodín para todos aquellos que consideran que dicha transición no fue tal y que dio como resultado una democracia que no buscaba otra cosa sino perpetuar los poderes ya establecidos durante la dictadura, sin olvidar a los otros, los que llevan muchos años citando la constitución como si fuera el comodín de la llamada para que nada cambie en este país.

Sinceramente, tales afirmaciones me producen, cuando menos cierta controversia. Es cierto que la transición distó mucho de ser perfecta y por consiguiente la democracia española que de ella surgió, también. Sin embargo, me niego a cargar las culpas a unas personas que en medio de un clima de tensión en el que se desarrolló dicho proceso, recordemos que algunos perdieron la vida en ese periodo, quisieron darnos unas libertades de las que antes no gozábamos, es más, considero que hicieron un trabajo bastante aceptable.

Para mí el problema no radicó ahí, para mí, la democracia española se enquistó a partir de ahí y por lo tanto, el problema surgió después de la ratificación de la constitución. Tras haberse consolidado la democracia en España, el país requería una serie de reformas institucionales que por distintos motivos no fueron llevadas a cabo, lo cual da pie a la afirmación de continuidad de algunas formas y poderes en el tránsito de la dictadura a la democracia. De esto son directa e indirectamente responsables los dos partidos que se fueron alternando en el poder y sus contrarios en la oposición que vieron en la reforma constitución una forma de hacer campaña electoral permanente, de la manera más ruin e interesada.

Llegados aquí, cabe recordar, sobre todo para los sectores más conservadores de nuestra política, que la constitución no es un texto sacro ni inmutable, es modificable, lo cual se concreta en su propio contenido, por lo tanto, negar la posibilidad de modificarla en pro de una mejora del país no es sino un acto de necedad, cobardía o interés; y es más que evidente que debe ser revisada y modificada, aunque sólo sea para corregir algunos aspectos como la discriminación de la mujer respecto al hombre a la hora de acceder a la corona o ajustarla a los tiempos que corren en relación a las actuales tecnologías, pensemos que la Constitución Española ya tiene 40 años desde su aprobación y como mínimo está obsoleta en estos aspectos. Aunque quedarnos aquí no sería sino una torpeza, pues lo que realmente hace falta es un ajuste general ante la cantidad de conflictos que han ido apareciendo a lo largo de su existencia como la dudosa separación de poderes, la inutilidad del senado o el estado de la autonomías; y esto no quiere decir que debamos romperla y hacer otra nueva, sino ajustarla a las necesidades de la sociedad actual, intentando consolidar las libertades individuales, la democracia colectiva y la convivencia pacífica.

Pero a la vez que podemos modificarla, también debemos tener presente que la constitución no es el final de la legislación, sino el comienzo, y por lo tanto, si no hay un entramado legal que desarrolle la constitución no sirve de nada. En este sentido, aspectos como el derecho al trabajo o a una vivienda digna, no se encuentran legislativamente desarrollados, por lo que los artículos que los contienen, quedan muy bonitos en el texto constitutivo, pero al no tener desarrollo legal, carecen de utilidad práctica en la vida de los ciudadanos. Algo parecido pasa con el artículo en que se indica que la riqueza del país tiene que estar subordinada al interés general, algo que es más que razonable para el sostenimiento de un país, pero que parece no materializarse, pues la riqueza de este país más bien parece subordinad al interés privado, no hay más que ver lo que ha pasado con los rescates a la banca o a las autopistas, o los innumerables casos de corrupción, donde se demuestra a quién sirve la riqueza del país.

Retomando la expresión del Régimen del 78, no puedo más que pensar que todos aquellos que la usan me parece que están haciendo un brindis al sol, un eslogan, por no decir un acto de hipocresía. Nuestra democracia no nació perfecta y dista mucho de serla, y también comprendo y apoyo la necesidad de estudiar nuestra historia con la crítica necesaria como un punto de partida para mejorar la democracia y resarcir los errores del pasado, pero esto no sirve de nada si no podemos mirar al futuro, que es hacia donde nos dirigimos. Pero ojo, también pienso lo mismo de aquellos que no ven la necesidad de revisar el texto constitucional y desarrollarlo, así como de alabar ciegamente su elaboración en un momento donde las libertades estaban en entredicho, ocultando las miserias de una historia colectiva y de muchas historias personales. Conozcamos la Historia, como un medio de conocimiento, reconocimiento, reparación, y como un punto de partida desde el que construir un presente y futuro mejor.

Aunque todo esto no tiene utilidad si no tenemos claro que la constitución tiene como fin último el de servir a los ciudadanos, y esto se consigue, no sólo con una reforma constitucional, sino con un impulso de los valores democráticos, el desarrollo de un pensamiento crítico y favorecimiento de la participación ciudadana en la vida política, o como decía Thomas Jefferson: “El precio de la libertad es la eterna vigilancia”, vigilar nuestra democracia. 

sábado, 16 de diciembre de 2017

Pisoteando la Historia

Resultado de imagen de rajoyLo podrán disimular de mil maneras diferentes, con una mala mentira, con una sonrisa carcomida, con una facha hormigonada; tras una sección de deportes, tras un nuevo escándalo de corrupción o tras banderas de tan pocos colores; pero la verdad siempre se mostró muy tozuda y quiso ser la estrella de todas las actuaciones. Viene hoy a mi mente esta comparsa de mal disimuladas verdades, la verdad innegable que supone la relación despreciativa y hasta agresiva de los actuales dirigentes de España con la cultura, la educación y la historia del país al que dirigen.

La enésima muestra de esto, fue la visita de la semana pasada del presidente del Gobierno de España, M. Rajoy, al Reino Unido, donde, emulando a Fernando VII en Bayona, hizo gala de su ferviente actitud servil ante dirigentes extranjeros y se arrastró ante Theresa May, llegando a afirmar que Reino Unido era la cuna del parlamentarismo y del Estado de derecho. Ahí es nada. En un segundo, el presidente de todos los españoles se acaba de pasar por el arco del triunfo la Historia de España y la declaración de la Unesco de 2013 para endulzarle lo oídos a su homónima británica.

Antes de continuar, quisiera recordar que en el año 2013, dicha institución de las Naciones Unidas declaró que la Carta Magna leonesa de 1188 bajo el reinado de Alfonso IX, en la que se relata la celebración de una Curia Regia, suponen el “conjunto de documentos que contienen la información escrita más antigua conocida sobre el sistema parlamentario europeo” y que, “reflejan un modelo de gobierno y de administración original en el marco de las instituciones españolas medievales, en las que la plebe participa por primera vez, tomando decisiones del más alto nivel, junto con el rey, la iglesia y la nobleza, a través de representantes elegidos de pueblos y ciudades”. Resumiendo, que el parlamentarismo no nació en el Reino Unido, como afirmó el jefe del ejecutivo, sino en León.
Bandera

Ante esta patada histórica a León y a los leoneses ¿Cuáles fueron las reacciones por parte de las instituciones leonesas y del pueblo? Me encantaría decir que fue una respuesta airada en pro de la defensa de su propia historia y cultura, a la vez que una dura reprimenda contra el jefe del ejecutivo por su incultura y servilismo ante dirigentes extranjeros. Pero no, no puedo decir esto muy a mi pesar.

Por una parte, las instituciones leonesas, encabezadas por el alcalde de León, D. Antonio Silván Rodríguez, no sólo no reprimieron dicha metedura de pata, sino que para que Rajoy no se sintiera mal consigo mismo, le invitaron a visitar León. Sí señor, puedes pisotear nuestra Historia las veces que quieras, que a nosotros nos importa un carajo y ven a comer y beber bien, las veces que quieras. ¿Por qué? Porque al señor Silván, que por cierto, es compañero de partido en el Ayuntamiento de León del primo de Rajoy, D. Agustín Rajoy Feijoó, al igual que a su gran líder supremo, le importa un carajo la Historia de León. Además, si el líder se muestra servil, no van a ser sus acólitos menos en servidumbre, así que todos a hincar rodillas. Llegados aquí dejo dos preguntas ¿Cuál hubiera sido la reacción de estas instituciones si estas mismas palabras hubieran salido de un dirigente político de otro partido? ¿Piensa la Junta de Castilla y León hacer algo al respector, salvo acompañar a Rajoy en su visita a León? Ahí las dejo.

Por otro lado, la reacción de la ciudadanía de León. Pues tengo que decir que tibia, tirando a fría. Por parte de algunos dirigentes de otros partidos rivales al Partido Popular, conjuntamente con asociaciones como el Colectivo Ciudadanos del Reino de León afearon la afirmación de Rajoy ante Theresa May. Pero ahí queda todo, no se han visto grandes manifestaciones contra el pisoteo presidencial hacia la Historia leonesa, efusivos manifiestos populares contra el agravio, ni siquiera he asistido a agrias protestas en los bares por el atropello sufrido, nada. En parte, porque el manifiesto de la Unesco, pasó sin pena ni gloria por nuestras vidas y muchos, al oír hablar de eso, no saben ni de lo que se les está hablando, ahí hay que volver a mirar hacia nuestras instituciones políticas, cuya nefasta campaña, caló poco en la sociedad leonesa, y nada en la española. Pero en parte también, porque la ignorancia hacia la cultura y la historia por parte de los distintos ejecutivos que rigen nuestros destinos, es compartida por muchos ciudadanos. Puede que levante ampollas decirlo, pero es una realidad, por eso se permite que se desprecie nuestra historia, cultura y patrimonio, y por eso, les seguimos eligiendo, porque somos un pueblo hecho para ser pisoteado.

Puede que un día León fuera un reino noble, donde nació el parlamentarismo, en el cual se sustentan las democracias modernas. Pero hoy no lo es. Y como decía al principio, la verdad es tozuda y siempre se empeña en salir y lo hará, y la verdad que hay detrás de ignorar la Historia y despreciar la Cultura es la pérdida de valores y volver a cometer los mismos errores.

jueves, 30 de noviembre de 2017

León es una ciudad sucia


En ocasiones pienso que habría que cambiar la bandera de León, quitar el león rampante ungulado y sustituirlo por un cerdo, o gocho, como se dice por estos lares. Lo cual no respondería a la calidad de los diversos productos de origen porcino que se fabrican en la misma y en toda la región, si no al estado tan sucio en la que se encuentra dicha ciudad, porque ya va siendo hora que alguien lo diga: León es una ciudad sucia.

Puede que a algunos les choque esta afirmación, pero a los hechos me remito. Soy de los que se desplaza por la ciudad más andando que en cualquier otro medio de transporte y me sorprende a la vez que me duele cómo está León y la actitud tan despreocupada con la que sus habitantes actúan. Paso delante de un supermercado de El Ejido y veo como al salir un joven de él, lo primero que hace es tirar el tique al suelo. Atravieso la Plaza de la Regla y observo cómo varias personas arrojan botellas al suelo de manera despreocupada. Recorro la Calle de las Cercas y me encuentro basura bolsas y comida junto a las murallas. Paseo por el Polígono X y una mujer camina despreocupada junto a su perro, después de que este haya dejado sus excrementos en el suelo y ella no los haya recogido. Y así un largo etcétera de actos de incivismo de los cuales soy testigo cada día, en esta nuestra ciudad, cuna del parlamentarismo.

A veces uno está tentado de decir algo a estos cerdos, porque cabe otro calificativo, pero consciente de las consecuencias, la mayoría de las veces me callo, puesto que intuyo las respuestas estúpidas o las reacciones exaltadas de quien carece de argumentario para justificar estas actuaciones. De todas las respuestas, la que más me gusta y la más estúpida de todas, es la de: “Hay que dar trabajo a los barrenderos”. Ante la cual se me aturullan respuestas en la cabeza, desde la irónica: “te pensarás que la concesionaria de limpieza va a contratar a más personas y perder beneficios” o "¿con la ley de reposición actual? ¿en serio?; hasta la brutal: “¿por qué no te partes los dientes para dar trabajo a los dentistas?”; pasando por la razonada: “¿no será mejor gastar dinero en sanidad y educación?” Todas inútiles ante la falta de sensibilidad y seso de estos marranos.

Puede que alguno, al leer esta entrada, se pudiera sentir ofendido por las opiniones que en ella vierto y me dirá: “no todos los ciudadanos de León somos así”. Y no les falta razón ninguna, no todos los ciudadanos de León son así, y seguramente podríamos hablar de un déficit del servicio de limpieza del Ayuntamiento, bien sea por mala planificación o falta de medios humanos y/o materiales; tampoco estaría de más mencionar la dejadez de la policía municipal a la hora de llamar la atención o sancionar estas actuaciones; incluso podríamos hacer referencia a campañas de concienciación para el mantenimiento y el cuidado. Pero qué quieren que les diga, nada de esto haría falta mencionarlo si cada ciudadano cumpliera con su deber de respetar lo que es de todos, la ciudad, porque en ella convivimos todos, nos guste más o nos guste menos.

Por mi parte, no quiero desaprovechar la ocasión de traer a colación un tema que yo considero de vital importancia. Hace tiempo que sostengo que el ecologismo debería ser la única ideología transversal a todas las demás. Y estos hechos no hacen más que reafirmarme en la idea de que vivimos en una ausencia total de conciencia sobre lo que está pasando en el planeta. Tirar desperdicios a la calle no supone sólo ensuciar la ciudad, no al menos cuando la mayoría de estos desperdicios son material reciclable y que al no ser depositados en los lugares adecuados para su reciclaje, no hacemos otra cosa que contribuir en el deterioro de La Tierra. Volviendo a lo que decía antes, en la ciudad vivimos todos juntos, nos guste más o menos, pero en el peor de los cases, si una ciudad no nos gusta, podemos hacer nuestras maletas e irnos a otra, pero este planeta es de todos y hasta la fecha no podemos ir a otro.


Ahora mismo, algunos estarán pensando que yerro en mi percepción de León, que esta milenaria urbe siempre ha sido muy limpia; pero me temo que esta visión, como tantas otras, sólo son un reflejo de un pasado mejor que ya ha desaparecido. León ha pasado a ser parte de una historia que sólo ocupa titulares, carente de contenido social y reconocimiento ciudadano. Y puede que hasta bien visto, de cara a ser Capital de la Gastronomía 2018 esta nueva bandera no sea tan mal idea, promocionaremos los productos porcinos, propios de esta tierra a la vez que seremos la primera ciudad en reconocer esos nobles animales y las personas formamos parte de la misma piara.

Pd.: En esta entrada hablo de León, España, no de León, México, ciudad de la que no me atrevería a hablar porque nunca he estado.

Pd. 2: Con el fin de demostrar la afirmación de que León es una ciudad sucia, en el siguiente enlace iré subiendo fotos donde se podrá comprobar. 

lunes, 27 de noviembre de 2017

Mal llamada prensa deportiva

No quisiera parecer un hipócrita y ponerme a lanzar peroratas en contra del fútbol, los futbolistas y la mercadotecnia que existe en torno a este deporte, así que lo diré claramente: me gusta el fútbol. Es más, sigo el fútbol, y lo sigo más que otros deportes, como me imagino hace la mayoría social de los españoles, debido principalmente a su presencia en casi todos los ámbitos de la vida de este país y del planeta entero, y es que no el balde se le denomina como el deporte Rey.


Aun así, el tiempo, la curiosidad y el hecho de que era y sigo siendo un paquete jugando al fútbol, me han llevado a conocer en profundidad otros deportes y a sentir interés por dichos deportes. Es más, disfruto más practicando otras disciplinas como el baloncesto, el balonmano o el bádminton, antes que el fútbol. Y aunque no las siga con el mismo interés, fidelidad e intensidad que el fútbol, también demando información sobre las mismas y otras. Es por esto que, en ocasiones, leer, ver y oír las noticias deportivas me supone un auténtico sufrimiento.

Y es que llevo sosteniendo que, hoy en día existe en España una prensa mal entendida o mal denominada como prensa deportiva. Seguramente este fenómeno no sea exclusivo de España, pero voy a hablar de España porque es lo que me atañe y lo que conozco. Y aquí no hablo de aquellos espacios que tienen una finalidad exclusivamente futbolística o a otro deporte en concreto, sino de aquellos medios, programas o periodistas que se califican de prensa deportiva cuando en realidad no lo son y que sí se podrían calificar de otras maneras.

En primer lugar cabría la posibilidad de calificar a buena parte de la prensa deportiva como prensa futbolística. La razón es más que evidente, si analizamos los distintos medios, una gran cantidad de su tiempo lo dedican a comentar aspectos relacionados con el fútbol y casi nada al resto de deportes. Esta comparativa se mantiene casi invariable indistintamente del medio, salvo que acontezca algún hecho relevante en otro deporte como que Rafael Nadal gane un Grand Slam, o se esté desarrollando una competición de difusión mundial como podría ser el caso de unas olimpiadas. Por esto, luego pasa lo que pasa, y hay gente que piensa que, salvo el fútbol, el resto de deportes son de fácil comprensión, asimilación y desarrollo, cuando a veces es justamente al revés.

En segundo lugar, esta prensa futbolística, peca también de ser una prensa machista. Ante tamaña afirmación, alguno pondrá el grito en el cielo, pero yo pregunto ¿cuánto tiempo dedican los medios de comunicación al fútbol masculino respecto al fútbol femenino? Esta comparación no se sostiene. Es más les planteo un reto que yo tuve la oportunidad de poner el práctica; entren en una clase de primaria y pregunten a los alumnos allí presente cuántos saben quién es el campeón de la liga masculina de fútbol y cuántos saben quién de la liga femenina. Si el aula de primaria no les pilla mano, les invito a que vayan a cualquier otro sitio, el resultado creo que va no va a cambiar mucho, y buena parte de la responsabilidad de este resultado es una causa directa de la prensa.

En tercer lugar, la prensa futbolística, es una prensa superficial o prensa amarilla. Llegados a este punto, reconozco que en este calificativo no caen todos los periodistas, ni todos los programas, ni todos los medios, pero… ¿Por qué sostengo esto? Muy sencillo. Existe una ingente e innecesaria cantidad de periodistas y de tiempo dentro de los espacios deportivos, dedicados a hablar de todo menos de deporte, ni siquiera de fútbol. Pueden hablar de si un jugador se cabreó por el cambio, si el público le pitó, si fulano se enfadó con futano, si este dijo esto o aquellos, si va a tener otro hijo, lo ha dejado con su pareja, la celebración o no celebración de turno, el último peinado de pepito, etc. pueden hablar de todo esto y más, y lo hacen, pero en todos estos elementos no hay ni un solo análisis deportivo ni futbolístico, sólo y exclusivamente, chismorreo y cotilleo, elementos que luego, casualmente son las cosas que uno oye en los bares al “entrenador” de turno.

En cuarto y último lugar, la mal llamada prensa deportiva en España se podría calificar como prensa institucionalista. Este calificativo se lo atribuyo por una razón más que evidente, si atendemos a cualquier espacio de noticias deportivas, la mayor parte de su tiempo lo dedican a hablar de los dos grandes equipos españoles, el Real Madrid y el Barcelona, dos equipos que se relacionan con las instituciones de Madrid y Barcelona respectivamente. Puedo entender que son los equipos más fuertes de España y que por lo tanto requieran más tiempo mediático, pero ante esto sólo dos apreciaciones:
1.    Estos dos equipos no juegan solos, juegan con otros equipos que merecen el mismo respeto y dedicación que ellos, y sin los cuales, ellos no serían tan importantes.
2.    No es de recibo que se analicen cuestiones superficiales de estos equipos antes y con más profundidad, que elementos más significativas del resto de equipos.

Puede que está siendo muy duro en algunos de los calificativos que he expuesto, también puede que tenga una visión sesgada del periodismo, y puede incluso que no entienda las dinámicas del periodismo deportivo y de la sociedad actual. Y seguramente si este escrito cayese a manos de un periodista me dijera que sólo se dedican a transmitir información; si lo leyera un editor, se defendería diciendo que ellos sólo ofrecen lo que la sociedad demanda; y si un grupo editorial tuviera que decir algo al respecto, apoyados por las empresas que los sostienen (bien sea porque son accionistas, publicistas o ambas a la vez de dichos grupos), expondría que hay que ofrecer aquellas noticias que despierten más interés en una mayoritaria parte de la sociedad y conecten a su vez con ella.

Pero ante esto, seguramente desde mi óptica romántica del periodismo, les respondo que, la prensa es un instrumento de información al servicio de la sociedad con el fin de hacerla más libre y justa, contribuyendo así a su mejora. Por esto, la selección de información impuesta por unos pocos nos resta libertad a unos muchos y marca un camino a la sociedad que no tiene porqué ser el mejor. Y esto es tan válido para un tema tan baladí como el deporte como para cualquier otro más serio y relevante. Por ello, pido que se nos dé la información, y en el caso del deporte, denos información deportiva, sean prensa deportiva, y déjenos a cada uno de nosotros centrarnos en lo que queramos centrarnos.

viernes, 25 de noviembre de 2016

Rafael Hernando, la hiena del Partido Popular

Rafa Hernando.jpgEl señor Hernando puede que sea la persona más miserable, abyecta e indeseable de la política española, con esa cara de asco permanente, un macarra que intentó pegar a Rubalcaba hace unos años, un miserable que se ríe de los familiares de los fusilados durante la Guerra Civil y la postguerra, un provocador nato, que encuentra provocaciones en el debate político, un hipócrita que utiliza argumentos maniqueos según le venga bien a su partido o no.

Con este currículo, ahora intenta instrumentalizar el dolor y la muerte de una persona, que por cierto fue se compañera suya, a la cual, él y su partido le enseñaron la puerta de salida y presumió en ruedas de prensa de ello. Lo intenta acusando a otros partidos, jueces y medios de comunicación del linchamiento hacia Rita Barberá. Pide reflexión a todos ellos, cuando las únicas reflexiones las debería hacer él mismo y su partido.

No se puede acusar a jueces y periodistas de hacer su trabajo una persona ajena a estos sectores, cuando él hace un trabajo como representante público lamentable, aprovecha su situación personal para lanzar barbaridades sin aportar absolutamente nada a los ciudadanos. Su única labor es emborronar la política, y su presencia en la cámara de la soberanía nacional sólo simboliza el bajo nivel de la política española, una vergüenza.

Con personas así en la política no es de extrañar el auge de los populismos. Que sigan dando carroña y ya verán como aparecen más hienas.

Populismos

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En ocasiones veo populistas… podríamos afirmar, parodiando para ello la película de “el sexto sentido”, aunque si atendemos a los análisis políticos actuales, más que en ocasiones, podría decirse que: “A menudo veo populistas”. Y es que parece que la prensa mundial, analistas políticos y los mismos políticos, se hayan levanto un día, y se hayan encontrado el diccionario abierto delante de sus narices por la página donde se definía la palabra “populismo”, y todos se han puesto de acuerdo en encajar, de una u otra manera, esa palabra en todo análisis político. Es más, no conformes con ello, se han compinchado para ver una conspiración a nivel planetario de populismo, independientemente de nacionalidades, ideologías y orígenes.
Un servidor, ante la “popularidad” de dicha palabra, que en boca de tantas respetables personalidades se menciona con relevante asiduidad, me empecé a cuestionar si tendría algún significado oculto que ignoraba, así que acudí al Diccionario de la Lengua Española. Me metí en la página de dicha institución y tecleé cada una de las letras que configuran esta palabra, con la esperanza de encontrar una solución a mis dudas. Pinché en el botón izquierdo del ratón y encontré una solitaria acepción: “tendencia política que pretende atraerse a las clases populares”. Mierda para mí -me digo- esto no me aclara un carajo. No, no me aclara nada, porque no creo que exista una sola tendencia política y ni sólo político que no pretenda atraer a las clases populares, más bien todo lo contrario, no hay político sobre la faz de la Tierra que no pierda el culo por atraerlas.
Pero pasada esta incertidumbre inicial me da por usar la poca lógica que hasta ahora me había llevado a diferenciar lo que es populismo de lo que no lo es. A grandes rasgos un populista solía reconocerse por:
1.    Decir las cosas que la mayoría quiere escuchar.
2.    Prometer cosas que se sabe no se pueden realizar.
3.    Dramatizar o agravar realidades concretas usando el miedo.
4.    Difamar e insultar a contrincantes políticos e ideológicos.
5.    Achacar los males de la sociedad a colectivos muy delimitados.
6.    Victimizarse a sí mismo o a la sociedad imaginando conspiraciones.
7.    Poner en tela de juicio, sin rigor alguno, realidades evidentes.

Puede que alguno de ustedes considere que, seguramente con muy buen criterio, sobra o falta alguna razón, e incluso que se puede matizar alguna, pero a priori, estas siete han venido definiendo para mí el populismo hasta ahora.
Lo que es innegable es que el populismo es tan viejo como la misma política, y cualquiera de los políticos que actualmente nos gobierna utiliza alguno de estos argumentos para alcanzar o mantener el poder, y no lo digo por decir, desde el Partido Popular hasta Podemos, pasando por el resto de partidos, independientemente de su corriente ideológica ha caído en alguno de estos aspectos. Esto hace que cada vez sea más difícil identificar a un populista del que no lo es, por eso, tanto tertulianos como político se dedican a calificar a todos populistas mientras el gran público asiste atónito sin saber qué coño pensar.
Pero permítanme que ponga una opinión personal sobre la mesa, el único argumento en el que se apoyan para valorar a otro individuo o partido como populista es que, no son del mismo rango ideológico. ¿Les suena de algo? Relean por favor lo que puse en el punto cuatro de los rasgos típicos de un populista: “Difamar e insultar a contrincantes políticos e ideológicos”. En base a esto se entiende la presencia masiva de esta palabra en los medios, porque lo que suele pasar en democracia es que haya mucha más gente que no piensa como uno que personas que sí lo hagan, por lo tanto, todos son calificables como populistas.
Pero, y permítanme la expresión, lo que más me toca los cojones de todo esto es la falta de rigor, se llama populistas a unos y a otros sin argumentar una mierda, sin que nadie cuestione dichas afirmaciones, y para colmo, los ciudadanos nos tragamos esa mierda entre tertulia y telediario sin decir ni hacer nada, porque el populismo no es sólo político, es una cuestión también de los medios de comunicación, de los sectores económicos que los sostienen y de los ciudadanos que participamos de estos a través del consumo acrítico de los medios. Ahí es donde radica el poder del populismo, en ese complot global, que lucha en pro de la falta de cultura y la desinformación masiva.
Todos nos escandalizamos cuando vemos a Donald Trump como presidente electo de Estados Unidos, pero nadie se percata que para llegar hasta ahí se haya producido una apología de la incultura, la ausencia de análisis cercanos, inteligente y sosegados de la realidad, golpeados por tertulianos vociferantes, titulares y tweets faltos de profundidad; nos apoltronamos en la comodidad de nuestros argumentos, no llevamos nuestra visión de las cosas más allá de la zona de confort; y por supuesto la falta de valor de enfrentarlos a la realidad, instalados en el buenismo y lo políticamente correcto, no hemos hablado de las cosas con la debida claridad, dejando la mierda aparcada, esperando que otros se encarguen de limpiarla.
En este nivel de dialéctica tan lamentable, nos regodeamos en nuestra ignorancia, lanzamos tweets al aire sin ninguna carga argumental. Nos creemos cualquier cosa sin contrastar nada. Somos eslóganes andantes. Las compañías de publicidad ya no anuncian marcas deportivas, restaurantes de comida rápida o refrescos, sino ideologías baratas. Se busca más una frase corta, si puede ser en voz alta mejor, carente de sentido que ridiculiza al interlocutor que un argumento que lo haga dudar, y mientras tanto, los argumentos más sosegados poco a poco se acallan. Ante este espectáculo de gritos, calumnias y frases vacías, se van metiendo a todos en el mismo saco, no diferenciamos a unos políticos, empresarios y periodistas, de otros. Y en este caos, con la complicidad de todos, aquí no hay inocentes, es en el que surgen los verdaderos populistas, los Trump, Le Pen o Petry, y triunfan movimientos como el Brexit.
Llegados a este nivel, la única manera de combatir el populismo, bien sea los casos más leves o los más extremos, es a través de la educación, la que nos enseñe a cuestionar las cosas, incluso las más obvias, saber cuándo nos mienten, cuándo culpan a otros sin motivos o nos prometen cosas irrealizables; la misma educación que nos permite dejar de comprar algo, cambiar de canal, buscar y reclamar información y sus fuentes; y por supuesto, la misma información que nos aleja de los buenismos, haciendo fáciles las cosas que parecen difíciles a priori. No hay nada más peligroso para los populistas, independientemente del cargo o empleo que posean, que un individuo culto. No existe ningún argumento, venga de un político, periodista, empresario u otro ciudadano, que pueda con la información veraz.

Una cosa si les digo, ningún populista a lo largo de la historia ha llegado para irse en su debido momento, ni para consolidar la democracia y las libertades. Nunca se han frenado ante nada ni nadie ¿por qué lo iban a hacer estando arriba?